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domingo, 23 de febrero de 2020

We Run Parla 2020

El pasado domingo participé en una nueva carrera, la We Run Parla 2020, una carrera que me resulta muy conocida, ya que era la cuarta vez que participaba, la cual denominan como el 10K más rápido de Madrid, pero que no es así, por mucho que te lo pongan en la publicidad, y lo repita el spiker a lo largo de la carrera. 


Para mí, lo bueno de esta carrera, es que es cerca de mi casa, no hay que madrugar, ya que es a las 10 de la mañana, el recorrido es bastante llano, no es una carrera muy masificada, acaba en pista de atletismo, te dan medalla, y su precio no llega a diez euros. Que no sea una carrera masificada se agradece en la recogida de dorsales, ya que no hay nada de esperas, y su precio económico se nota en la bolsa del corredor solo lleva camiseta y publicidad, por el contrario, como he comentado anteriormente, dan medalla finisher. 

La carrera es por un circuito urbano, sin ningún atractivo, algo estrecho en sus primeros kilómetros, en los que o vas esquivando corredores, o retrovisores de coches, o te subes a las aceras, y eso a pesar de no ser una carrera masificada. El recorrido en su mayoría es llano, solo con una ligera subida en el kilómetro 3, y con los últimos dos kilómetros que pican un poco hacia arriba. La animación también es escasa, solo al inicio de la carrera, luego en torno al kilómetro 3, y al final. 

 
Llevo un comienzo de año un poco raro, sin una meta en mente, que me motive, por lo que al final estoy haciendo kilómetros, pero sin intensidad, y aunque no noto mal las piernas, si me veo mal de cabeza, sin la motivación necesaria para apretar, así que en la línea de salida me planté con la sola idea de cruzar una meta más, y de no hacer mucho peor tiempo que en 2019, que fue de 46´03”. 

En esta carrera coincidí, como en años anteriores, con mi primo y su mujer, la idea de él era acompañar a su mujer, y me dijo de hacer la carrera con ellos, su ritmo iba a ser en torno a 6 min/km, por lo que decliné la oferta, no estaba muy motivado con la carrera, pero tampoco me apetecía irme a una hora para hacer lo diez kilómetros. 


Como acredité la marca del Derbi de las Aficiones, estaba en el cajón de menos de 45´, una vez dentro del cajón me situé por la parte central, y pegado a la derecha, no iba a ir a ritmo de menos de 45´, por lo que no quería molestar a otros corredores, y menos aún en los primeros kilómetros que se hacen por la zona más estrecha. 

El primer y el segundo kilómetro son los más estrechos, no hay espacio suficiente en la calzada para todos los corredores, intenté hacer el mayor número de metros por la calzada, pero finalmente tuve que subir a la acera, lo cual es un inconveniente, ya que tienes que ir esquivando mobiliario urbano, además de tener que subir y bajar bordillos, y que te ves en el lado izquierdo de la calle, cuando al final de esta haces un giro a la derecha. El primer kilómetro lo hice en 4´47”, y el segundo en 4´45”, pasando por el PK2 en 9´32”. 

 
En el tercer kilómetro el recorrido cambia, empezamos a correr por zonas más anchas, además hay una recta en la que se agolpa bastante público, y es donde siempre se pone mi mujer y el peque para animar, lo cual se agradece, ya que en esa zona es donde se encuentra el único punto complicado de la carrera, no es que sea una subida dura, pero en un recorrido tan llano, se nota esa pequeña subida. Por el PK3 pasé con un tiempo de 14´18”, es decir, ese kilómetro lo hice en 4´46”. 

Tras la subida, hicimos un giro a la derecha, y a partir de ese punto, empezamos a bajar los metros que habíamos subido anteriormente, y que al igual que no es una dura subida, tampoco es que sea una bajada con mucha pendiente. En esa bajada se encuentra el PK4, en una avenida amplía en la que haces ida y vuelta, tras hacer un giro de 180º en una glorieta. El kilómetro 4 lo hice en 4´41”, y el kilómetro 5 en 4´43”, pasando por la mitad de la carrera con un tiempo de 23´42”. 

 
Las sensaciones a esas alturas no eran malas, me encontraba bien de piernas, de respiración, me sentía cómodo en el ritmo, y sentía que tenía margen para apretar más, pero seguía sin la motivación necesaria como para meter más intensidad a las piernas, y menos con el recorrido que tenía por delante. 

Los siguientes kilómetros son un continuo zigzag, en poco más de dos kilómetros y medio se hacen hasta once giros de 90º, lo cual no ayuda, vas corriendo a tirones, por lo que opté por intentar mantener el ritmo y sobre todo no salirme de la carrera mentalmente, y en eso me ayudó el Garmin, que en un par de ocasiones me pitó indicando que el ritmo era de más de 5 min/km. El kilómetro 6 lo hice en 4´46”, y el kilómetro 7, fue el peor de la carrera y lo hice en 4´48”. 

 
Una vez acabada la zona de curvas de 90º, pasábamos por una zona más ancha, decidí apretar un poco el ritmo, tampoco es que fuese al límite de mis posibilidades, pero si que le metí un poco de más intensidad a las piernas, y si anteriormente había hecho el peor kilómetro de la carrera, en esta ocasión hice el mejor de todo el recorrido, pasando por el PK8 en 37´58”, haciendo ese kilómetro en 4´34”. 

Los dos últimos kilómetros intenté mantener el ritmo, en un momento pensé en apretar un poco más, pero la verdad es que no me apetecía, a esas alturas de carrera poco podía adelantar ya, así que me limité a recorrer la distancia que me quedaba, para cruzar mi meta número 46 en un 10K. Esos dos últimos kilómetros los hice en 4´38”, el kilómetro nueve, y en 4´37” el kilómetro 10. 

 
En meta el tiempo fue de 47´05”, es decir, el año pasado fui a esta carrera súper motivado, y la hice en 1´02” menos que este año pasado, lo que supone más de 6” por kilómetro, y esa es la diferencia entre ir a una carrera con o sin motivación. 


domingo, 2 de febrero de 2020

Fundación Real Madrid 2020

El 26 de enero fue el día de mi primera carrera de 2020, y la elegida, al igual que el año pasado, fue la Carrera Fundación Real Madrid, una carrera que supone un buena toma de contacto tras las navidades, y todo lo que suponen esas fechas de excesos. 

El año pasado la entrega de dorsales se hizo en el Centro Comercial La Esquina del Bernabéu, pero este año como están con las obras de remodelación del estadio, lo trasladaron al Palacio de Cristal, y como no es una carrera de una participación multitudinaria, el acceso y la recogida del dorsal fue muy fluida. En la bolsa del corredor, chicles, barrita energética, crema de manos y la camiseta, todo en un Gymsak, no nos podemos quejar, teniendo en cuenta como vienen últimamente las bolsas del corredor. 

Este año han cambiado el recorrido, el año pasado salimos desde el Estadio Santiago Bernabéu, y en esta ocasión lo hicimos desde la Plaza de la Lealtad, junto al Paseo del Prado, subimos hasta el estadio, lo bordeamos, subimos Concha Espina, y volvimos por Príncipe de Vergara, Serrano, Plaza de Cibeles y de nuevo a la Plaza de la Lealtad. Una carrera dura, donde estás subiendo más de cinco kilómetros, siendo el resto del recorrido una zona de toboganes, con bastante terreno favorable, aunque con las piernas castigadas de los kilómetros anteriores. 

 
Este año he empezado poco motivado, aún no tengo planificada la temporada, no he encontrado una meta que me motive especialmente, y eso en mi caso hace que no esté entrenando, sigo corriendo, sigo saliendo tres días en semana, pero salgo a correr, no ha entrenar, no pongo intensidad en mis kilómetros, aún así en la línea de salida me presenté con la idea de no irme por encima de los 47´. 

A la salida me fui con compañeros de Adidas Runners Madrid, en esta carrera no hay cajones de salida, así que nos fuimos distribuyendo entre la gente como cada uno pensó. En mi caso, me quedé con un compañero, su idea era hacer la subida a 4:45 min/km, y a partir de ahí apretar más, así que le dije que haría la primera parte con él, y después lo que me diesen las piernas. 

 
La salida fue lenta, llegó incluso a hacerse un tapón que nos frenó bastante, así que en cuanto la carrera se ensanchó un poco, nos dedicamos a esquivar corredores e ir adelantando, aún así el primer kilómetro nos salió a 5´03”, más lento de lo esperado, y en el segundo, aunque mejoramos algo el ritmo, tampoco estábamos en el ritmo planeado, ya que lo hicimos en 4´53”. 

Pegado a mi compañero de Adidas Runners Madrid, seguí avanzando por el Paseo de la Castellana y acercándome al ritmo que nos habíamos propuesto, ya que el tercer kilómetro lo hicimos en 4´48” , iba bastante cómodo, cogiendo ritmo, hasta que llegamos a una parte del recorrido que se me atragantó, fue el tramo entre Nuevos Ministerios y el Estadio Santiago Bernabéu. En ese tramo las piernas no me iban bien, me costaba la zancada, y empecé a ceder metros con mi compañero, aunque intenté no perder su referencia para no caer en un ritmo cómodo, y ceder más de lo que quería, más o menos lo conseguí, y el kilómetro cuatro lo hice en 4´52”. 


Pasado el kilómetro cuatro giramos a la derecha, y bordeamos el Estadio Santiago Bernabéu, momento en el que el recorrido nos dio un respiro, siendo un terreno más favorable, pero eso solo era un espejismo, ya que tras un giro a la izquierda nos encontramos con la subida de la Avenida Concha Espina, ya bastante conocida por mí, pero eso no la hace menos dura. Durante la subida se encuentra el paso por el PK5, por el que pasé con un tiempo total de 24´13”, haciendo el kilómetro cinco en 4´37”, para un ritmo de 4:51 min/km para esa mitad de carrera. 

La Avenida de Concha Espina es una subida corta, pero dura, en ese punto ya había perdido la referencia de mi compañero, así que me puse un ritmo cómodo para realizar la subida, pero intentando no perder mucho ritmo. Una vez coronada, y recuperado el ritmo de la respiración, era momento de recuperar un ritmo más alegre, aunque la verdad es que puedo estar contento del ritmo durante la subida, ya que el kilómetro seis lo hice en 4´42”. 


Llegaba el terreno favorable, aunque con sus toboganes, de piernas me veía bien, pero no así de cabeza, como he dicho anteriormente, no estoy motivado, y eso hizo que en carrera, a pesar de sentirme bien, fuese más frenado de lo que las piernas querían, es por ello que los kilómetros siete, ocho y nueve, en lugar de apretar los dientes, me dejase llevar por un ritmo cómodo, haciendo esos kilómetros en 4´34” el séptimo, en 4´34” el octavo, y en 4´30” el noveno. 

Tras el paso por el PK9, cabeza y piernas se pusieron de acuerdo, y apreté un poco más el ritmo, fue un momento en el que me demostré que aunque no esté motivado, las piernas siguen respondiendo si les aprieto un poquito, haciendo ese último kilómetro en 4´15”, cruzando la meta en 46´48”. Consiguiendo estar por debajo del tiempo que me había marcado en la salida, que era de 47´.



miércoles, 18 de diciembre de 2019

San Silvestre de Alcorcón 2019

El pasado domingo participé en la última carrera del 2019, cerrando así la temporada de carreras populares corriendo en casa, en un recorrido que pasaba por lugares por los que suelo entrenar a lo largo del año. 

 
La bolsa del corredor se retira junto a la pista de atletismo de Alcorcón, sin esperas, ya que no es una carrera multitudinaria, en ella te hacen entrega de la camiseta, el dorsal, y un tetrabrick de caldo Aneto, junto a una bolsa de la misma marca. 

La última vez que corrí esta carrera fue en 2017, y respecto a esa edición (y anteriores), se ha producido un importante cambio, y es que se estrenaba un nuevo recorrido. Por lo demás, el formato era el mismo, un recorrido de 5 kilómetros, en el que sobre la marcha, cada uno decide si quiere hacer 10 kilómetros, dando dos vueltas, o dar solo una vuelta, y quedarse en 5 kilómetros. Además el circuito está homologado, y sirve para acreditar marca en la San Silvestre Vallecana. 

 
El recorrido es duro, ya que no hay apenas zonas llanas, con zonas de mucho tobogán, y dos zonas de largas subidas, que se notan en las piernas y en el ritmo, ya que apenas te dan respiro, en resumen, un recorrido bastante rompepiernas. 

En esta carrera, me presentaba tras casi dos semanas sin entrenar, eso sí, por voluntad propia, ya que quería descansar mente y piernas, por lo que tenía muy claro que no me encontraba en mi mejor momento, así que me presenté en la línea de salida con una idea muy clara, la de disfrutar de la última carrera del año, además de un año que se ha dado bastante bien. 

 
La carrera empezaba con un ligero desnivel favorable, por una larga recta, que solo se veía cortada por una glorieta poco antes del PK1. El ritmo en ese kilómetro fue algo más alto de lo esperado, sin duda ayudado por el desnivel, que hizo que hiciese ese primer kilómetro en 4´36”. Tras la recta, girábamos 360º para luego girar a la derecha, y dejar atrás el terreno favorable y empezar la primera subida, corta, pero intensa, y tras dos giros a la izquierda, bajar por la calle paralela, la cuesta que habíamos subido. 

Posteriormente, tras dos giros a la derecha, volvíamos a subir, en esta ocasión una cuesta más larga, que se iba notando en las piernas. El PK2 se encontraba cerca del comienzo de esta subida, y en el crono se notó tanto giro cerrado y las subidas y bajada, haciendo ese segundo kilómetro en 4´46”. 

El tercer kilómetro se hacía casi todo en subida, es una subida larga que apenas da descanso, pero como en el recorrido hacíamos una especie de S, nos encontramos con un tramo de bajada, que nos daba un pequeño respiro, antes de volver a encarar la subida. A pesar de la subida, pude llevar un ritmo bueno, haciendo ese tercer kilómetro en 4´41”. 


La subida era larga, por lo que parte del cuarto kilómetro también se encontraba dentro de ella, hasta que por fin giramos a la derecha, y nos encontramos, primero con un falso llano en bajada, para luego girar a la izquierda, y encontrarnos ahora sí, con terreno favorable, y con el PK4. Ese cuarto kilómetro lo hice en 4´50”, sin duda había pesado en el ritmo el final de la subida. 

El kilómetro cinco, era con perfil favorable, pero con un continuo sube y baja, bastante rompepiernas, que hacía imposible llevar un ritmo constante. Poco antes de la meta, unos voluntarios indicaban pasar por la zona derecha del arco de meta, a los que fuesen a hacer cinco kilómetros, o por la izquierda a los que íbamos a dar dos vueltas y hacer los diez kilómetros. 

El kilómetro cinco lo hice en 4´36”, pasando por el arco de meta en 23´29”. 


Tocaba encarar la segunda vuelta, en ella empecé a notar el parón y la falta de entrenamientos, haciendo la mayoría de los kilómetros unos segundos más lento que en la primera vuelta. El sexto kilómetro lo hice en 4´42”, más lento que en la primera vuelta en 6”, el séptimo kilómetro lo hice en 4´53”, más lento en 7”, y el octavo kilómetro noté bastante la subida y lo hice 15” más lento que en la primera vuelta, es decir en 4´56”. 

Los siguientes dos kilómetros, mejoré con respecto a la primera vuelta, pero no en unos tiempos que hiciesen recuperar el terreno perdido en los tres anteriores. El noveno kilómetro lo hice en 4´47”, mejorando en 3”, y el último kilómetro lo hice en 4´34”, mejorando en 2”, el tiempo de la primera vuelta, y siendo mi mejor kilómetro en todo el recorrido. 

Crucé la meta con un tiempo de 47´21”, lo cual teniendo en cuenta el momento de forma en el que estaba, el recorrido, y que en ningún momento forcé para ir a tope, me parece bien, y sobre todo teniendo en cuenta que me tomé la carrera para disfrutar de correr en mi ciudad, por las zonas que entreno, pero con dorsal.


miércoles, 20 de noviembre de 2019

Derbi de las Aficiones Madrid 2019

Un año más, y van siete ediciones, acudo a mi cita con el Derbi de las Aficiones, una carrera especial, ya que en ella debuté en 2013, haciendo mi primer 10K, y enganchándome a hacer carreras populares. 

La organización para la retirada del dorsal, como siempre es muy cómoda, ya que se puede retirar el dorsal a lo largo de la semana, por lo que evitan de esta forma las aglomeraciones, además de que hay seis personas dando los dorsales. Aunque hay un pero y es que solo dos de ellos dan los dorsales para absolutos y/o carreras infantiles, y no te indican quienes son, por lo que creo que sería mejor indicar las dos personas que dan dorsales absolutos e infantiles, y de esta forma te colocas y los recoges de una sola vez, en lugar de tener que ir de una persona a otra. La bolsa del corredor, rácana, camiseta y publicidad, y ni siquiera posibilidad de ropero gratuito, si lo querías, tenías que pagar dos euros más. 

 
Este año había un cambio importante en el recorrido, no era salida en el Estadio Bernabéu y meta en el Estadio Calderón, ya que con la demolición de este último, la meta pasaba a ser en el Paseo del Prado, junto a la fuente de Neptuno. Esto suponía un importante cambio en la salida, ya que salíamos desde la Avenida de Concha Espina, con una importante cuesta, y los primeros kilómetros, pasaban a ser un continuo sube y baja, hasta que poco antes del kilómetro cinco, encarábamos el Paseo de la Castellana, ya sí con un perfil mucho más favorable. 

 
Con el cambio del recorrido, aparte de ser un perfil menos favorable, la carrera ha perdido mucho encanto, en cuanto a las zonas que atravesaba, ya que aunque se sigue pasando por la Plaza de Colón, Paseo de Recoletos, Plaza de Cibeles y Neptuno, la primera parte del recorrido no es nada bonito, y hemos perdido el pasar por la Carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol, Plaza de la Villa o la Puerta de Toledo. 

El resto, igual que en ediciones anteriores, dos arcos de salida, merengues y colchoneros, salidas con marca de tiempo, pero sin nadie en la entrada que lo controle, lo que hace que como siempre, haya gente ansiosa por salir que se coloca fuera de sitio, y no hace otra cosa que estorbar, más cuando desde la salida ya encaran la cuesta andando, pero eso sí, saliendo en el cajón de menos de 42´. 


Antes de la salida, quedada con los compañeros de Adidas Runners Madrid, foto en grupo, y nos repartimos en grupos en función de lo que cada uno teníamos previsto para la carrera, en mi caso, me fui junto con otros tres compañer@s, que teníamos más o menos la misma idea. 

Tras el Medio Maratón de Valencia, he reducido mucho los kilómetros en los entrenamientos, aunque si he intentado meterle algo más de chispa a las piernas, por lo que para esta carrera iba con la idea de intentar bajar de 45 minutos, y en función de cómo se diese la primera parte del recorrido, quizás soñar con mejorar mi marca. Aunque esto último lo vería en carrera, según respondiesen las piernas. 

 
La salida es bastante dura, ya que empezamos subiendo la Avenida de Concha Espina, por lo que ahí, era importante salir bien, y no perder mucho tiempo. Para ello contábamos con un compañero que nos iba a hacer de liebre, su marca es sub 40´, pero no quería forzar en esta carrera, ya que corría el Maratón de San Sebastián una semana después. Con él como referencia hicimos la primera subida, y los primeros toboganes que teníamos a lo largo del primer kilómetro, que hicimos en un tiempo de 4´46”. 

Los siguientes kilómetros se hacían por calles cercanas al Paseo de la Castellana, en su mayoría anchas, por lo que se podía correr sin problemas, aunque el problema era el continuo sube y baja, con más subidas que bajadas. Al ser zonas anchas, era fácil mantener la referencia de mi compañero, e ir corriendo relativamente cerca de él, sin perderle mucho de vista, además nos habíamos colocado en fila de a uno, con lo cual era más fácil cuando había que adelantar, y si te retrasabas un poco, siempre tenías la referencia de alguno de los otros. Los tres kilómetros siguientes, que los hicimos todos por esa nueva zona del recorrido los hicimos en 4´27” el kilómetro 2, 4´38” el kilómetro 3, y 4´33” el kilómetro 4. 

Antes de salir al Paseo de la Castellana, pasamos por el avituallamiento, en el que mis compañeros cogieron una botella, pero yo decidí no hacerlo, salvo que haga mucho calor, en un 10K, no suelo beber en carrera. En ese momento el grupo se estiró bastante, yo me adelanté con el compañero que hacía de liebre, mientras que una compañera y otro compañero, se quedaban algo atrás. 

Encaramos el Paseo de la Castellana, y pasamos por el PK5, en un tiempo total de 22´53”, haciendo ese quinto kilómetro en 4´29”. 

 
Desde antes de entrar en el Paseo de la Castellana, salvo el compañero que nos hacía de liebre, los otros dos se empezaron a quedar un poco atrás, durante un momento frenamos algo, girándonos para mirar atrás e intentar reagruparnos, y tras dudar si frenar o seguir, le dije a mi compañero que me veía bien, y que iba a tirar. Empezaba el terreno favorable, la calzada era ancha, y me encontraba bastante bien de piernas, por lo que tocaba empezar a recuperar tiempo si quería estar por debajo de los 45´, me coloqué a la izquierda de la calzada, y empecé a acelerar el ritmo. 

Por el PK6, ya pasé solo, sin ninguno de mis compañeros, lo hice con un tiempo de 27´07”, haciendo el kilómetro en 4´14”. Sin duda se notaba el cambio de recorrido y se notaba que había acelerado el ritmo. 

Los kilómetros que estábamos haciendo, y los que quedaban hasta la meta, eran parte del recorrido antiguo, con la salvedad que antes los hacías entre el uno y el seis, y ahora entre el cinco y el diez, con lo cual ahora se podía apretar a tope, cosa que en anteriores ediciones por ese punto ibas pensando que aún quedaban kilómetros de carrera. 

Seguí aprovechando el terreno favorable para seguir acercándome a mi primer objetivo, bajar de 45 minutos, pasando por el PK7 en 31´27”, haciendo el kilómetro en 4´20”. 

 
En ese momento hice un cálculo mental, quedaban tres kilómetros, si me salía una media de 4´30” en esos kilómetros, serían 13´30”, con el tiempo que llevaba me iría a 44´57”, es decir tenía en mis manos, o mejor dicho en mis piernas el bajar por tercera vez de 45 minutos en una carrera, e incluso intentar mejorar mi marca, pero no podía dormirme si quería conseguirlo. 

El kilómetro ocho lo hice en 4´17”, pasando por el PK8 en un tiempo de 35´44”, y en ese momento, unos cientos de metros por delante de mí, pude ver el globo de 45´, había salido antes que yo, y haberle recuperado era una motivación, además era una referencia, se supone que su ritmo debía de ser de 4´30”, y recuperarle significaba ir por debajo de ese ritmo. 

Por el PK9 pasé en 40´00”, haciendo el kilómetro en 4´16”, en ese momento el cálculo era fácil, si hacía el último kilómetro por debajo de 4´28”, haría mi mejor marca, así que apreté un poco más, pasé al globo de 45´, chute de moral, pasé por la Plaza de Cibeles, para mí una de las más bonitas de Madrid, encaré el Paseo del Prado, desde donde ya se veía la meta, y antes de ella, un nuevo subidón, mi mujer y el peque, animando y dándome el último empujón. 

Finalmente el kilómetro 10 lo hice en 4´10”, para un tiempo total en meta de 44´10”, a un ritmo de 4:25 min/km, es decir, mejoré mi anterior marca que era de 44´28”, en 18”. Ese mismo tiempo, fue el que hizo mi compañera y el compañero que nos hizo de liebre, por lo que ella también consiguió su reto de bajar de 45 minutos, mi otro compañero se quedó con la miel en los labios, ya que le sobraron 10” para bajar de 45 minutos. 

 
Y tras nuestra carrera, era el turno de los pequeños, en las carreras infantiles, donde el peque participaba ya por cuarta vez, disfrutando toda la familia de la experiencia, el corriéndola, y mi mujer y yo de verle como corre y las ganas que le pone. 


miércoles, 23 de octubre de 2019

Maratón de Chicago 2019. Parte II

Puedes leer la primera parte pinchando aquí.

Pasado el medio maratón, ya de nuevo entre rascacielos, chute de energía al ver a mi mujer y al peque, aunque bueno, en esta ocasión si no me avisan ellos, yo nos los hubiese visto, ya que justo me pillaron mirando el GPS, y haciendo cálculos mentales de mi paso por el medio maratón. Poco después de nuevo me encontré con el espectador español, que en esta ocasión me grito “vamos Manu!!”. Y tras estos momentos de emoción y ánimos, cruzábamos nuevamente un puente, la quinta vez, y todavía nos quedaba un sexto paso sobre el río. Los puentes como indiqué en la parte I, son de rejilla abierta y la organización había puesto una alfombra para que la pisada no fuese tan molesta, aunque eso solo conseguía mitigarlo en parte. 


Encarábamos una larga recta, dejando atrás los rascacielos y entrando en una zona más residencial. De nuevo, un momento de la carrera en la que, aunque había gente animando, no era tanto como en la zona que acabábamos de dejar atrás. 

En torno a las dos horas de carrera tocaba tomar un nuevo paquete de gominolas, y de nuevo llegaba el sufrimiento, nariz taponada, vaso de agua helada, cuatro gominolas, había que masticarlas de una en una, a la vez que mantienes el ritmo y respiras por la boca… una verdadera odisea, que salvé como pude, intentando no perder mucho ritmo, y jurándome a mí mismo que era el último maratón en el que tomaba gominolas, para el próximo volvería a los geles. 

Al final de la larga recta girábamos a la izquierda y nos encontrábamos con el PK25, por el que pasé con un tiempo de 2h 10´46”, a un ritmo de 5:14 min/km, haciendo el tramo desde el kilómetro 20 al 25 en 26´07”. En ese momento llevaba ya tres parciales de 5 kilómetros corriendo por sensaciones, olvidándome del GPS, y la verdad es que no me estaba yendo nada mal, ya que mantenía un ritmo regular, en el que me encontraba bastante cómodo, aunque también es verdad, que quedaban por delante los kilómetros más duros de un maratón, donde el ritmo suele resentirse. 


Pasado el kilómetro 25, volvimos a encarar una larga recta de más de una milla, seguíamos corriendo por la zona residencial, deshaciendo el camino que habíamos hecho anteriormente, volviendo hacia el río. En ese momento del maratón son tan importante las piernas como la cabeza, y yo intenté motivarme con recuerdos, como los entrenamientos que hice por mi pueblo con altas temperaturas, o también venían a mi mente las dos últimas tiradas largas, de 18 y 16 kilómetros, que había compartido con mis compañeras de Adidas Runners Madrid, que tan amenas me resultaron, y que en ese momento me ayudaban a seguir recorriendo kilómetros. 

Y llegaba la hora de tomar una un nueva referencia, el kilómetro 30, en ese momento llevaba 2h 37´04”, el ritmo de carrera hasta ese punto era de 5:14 min/km, y ese intervalo de 5 kilómetros lo había hecho en 26´18”. 

Llegaba el momento en el que se dice que empieza el maratón, estás a solo doce kilómetros de la meta, pero ya llevas treinta kilómetros en las piernas, aunque en lo que a mí respecta, me encontraba bastante bien, tanto física como mentalmente, además, en los últimos kilómetros llevaba la referencia de un corredor de Costa Rica, que unos metros por delante de mí, iba marcando un ritmo que se adecuaba al mío. 


En este nuevo intervalo de cinco kilómetros, llegó un nuevo momento malo, tocaba tomar el tercer paquete de gominolas, en este caso con cafeína, misma operación que anteriormente, y mismo sufrimiento, hasta el punto que de las cuatro gominolas decidí tomarme solo dos. 

La verdad es que es muy curioso, el correr sin GPS no me había afectado mentalmente, tampoco los tramos de viento, y sin embargo, el tener que tomar las gominolas estaba logrando sacarme del maratón, así que siendo consciente de que era una decisión arriesgada, opté por no tomar nada más en lo que quedaba de carrera. Este trance, también supuso que perdiese la referencia del corredor de Costa Rica, ya que tuve que bajar el ritmo, y el otro corredor se me fue. 

Tras ello cruzamos por sexta y última vez el río, de nuevo los espectadores empezaban a agolparse a ambos lados, más según nos acercábamos a Chinatown, donde entre los espectadores se encontraban mi mujer y el peque. En esta ocasión los vi mientras girábamos, y pude saludarles y sonreírles, transmitiéndoles que todo iba bien. 

Una vez dejamos atrás Chinatown, nos encontramos con el PK35, que hice en un tiempo de 3h 03´37”, ritmo de carrera 5:15 min/km, siendo ese el peor parcial de todo el maratón, ya que lo hice en 26´33”. No me encontraba mal de piernas, así que entendí que esa bajada de ritmo fue debida al momento de comerme las gominolas, en el que desconecté un poco de la carrera. 


Ahora corríamos de nuevo por una zona residencial, de edificios bajos, en paralelo a la carretera, y sin apenas animación. Me habían hablado de la animación del público en el Maratón de Chicago, que congrega más de millón y medio de espectadores, y la verdad es que en ese aspecto, comparado con Nueva York o con Berlín, se queda un poco atrás. Es cierto que hay mucho público, pero se concentra en determinados puntos del recorrido, existiendo tramos de la carrera en los que la presencia de público es testimonial. 

En mi mente ya solo pensaba en el kilómetro 40, y pasada la milla 24 (38,4 km), encaramos una larga recta que llegaba casi hasta la milla 26, y desde el comienzo de la recta, a lo lejos se podía ver el gran cartel azul que marcaba el kilómetro 40. 

En esta recta de nuevo la gente se agolpaba a ambos lados, los gritos de ánimo iban en aumento según ibas avanzando por ella, y veías como poco a poco se acercaba el cartel azul, hasta que te veías junto a él, y a tu mente solo te viene la idea de que el maratón ya está hecho. 


Por el cartel que marcaba el PK40 pasé con un tiempo de 3h 29´53”, a un ritmo de 5:15 min/km, haciendo el intervalo del 35 al 40 en 26´16”. Eso suponía mejor ritmo que en el intervalo anterior, y sobre todo, era el primer maratón en el que había conseguido llevar un ritmo más o menos constante en la carrera. 

Había quedado con mi mujer en que iría a verme a ese punto, para darme la bandera de España, y así entrar con ella en meta. Ella llevaba un cortavientos fosforito que nos había regalado la agencia con la que viajamos, por lo que me fue fácil verla desde lejos, emocionado me fui hacia ellos, les di un abrazo, un beso, mi mujer me dio la bandera, y le di voz a la idea que me había venido al pasar por el PK40, y le dije “ya está hecho”. 

Desde ese momento, decidí dejar de abstraerme, y disfrutar de lo que quedaba de maratón, bajaba el ritmo, me acercaba al público, chocaba las manos, saludaba a los españoles, que ondeaban la bandera, y me animaban al grito de “vamos España”, y entre los espectadores, me encontré de nuevo con el espectador que conozco virtualmente por instagram. Quedaba solo una milla para meta, y él me animó al grito de “solo queda una milla”, yo me acerqué a él, le choque la mano, y le di las gracias por los ánimos que me había dado hasta en tres puntos del maratón. 



Continué haciendo el último tramo del maratón de la misma forma, pasé por un cartel que indicaba 800 metros, menos de un kilómetro para meta pensé. Seguí saludando y corriendo, encaraba el final de la larga recta, cartel de 400 metros, momento en el que me até la bandera al cuello. Desde que me la dio mi mujer la había llevado sobre los hombros, y en ese tramo, en el que cruzábamos un nuevo puente, en esta ocasión sobre las vías del tren, me la até al cuello a modo de capa. 

Giramos a la izquierda, y encaramos la recta de meta, cartel de 200 metros, y llegó el momento del ritual, mirada al cielo, con los dos dedos índices señalándolo, di las gracias a mi abuela, por supuesto, mientras me acercaba a la línea de meta aplaudía y daba las gracias al público que había en esa zona, y sobre todo disfruté de cruzar una nueva meta de un maratón, la octava, la de mi tercer major. 

El tiempo en meta fue de 3h 42´17”, a un ritmo de 5:16 min/km, siendo mi mejor marca en un maratón, mejorando hasta mis perspectivas más optimistas, y lo más positivo de todo, es que física y mentalmente, durante toda la carrera me había encontrado muy bien, sin duda los entrenamientos, habían dado su fruto. A título informativo, decir que el GPS al final del maratón me marcó 44,370 km, es decir, acumuló un error de más de dos kilómetros. 

De la organización del maratón, me quedó un gran sabor de boca, los avituallamientos, la cantidad de voluntarios que hay, el trato al corredor tanto antes, durante y después de cruzar la meta, siempre sonriéndote, animándote, felicitándote, siempre atentos. El público, una pena las zonas en las que corres prácticamente solo, pero en las zonas en las que se congregaban siempre están animando y tirando de ti, y al igual que en Nueva York, te felicitan cuando te ven con la medalla colgada tras el maratón. 

En comparación con Berlín y Nueva York, indicar que en Chicago tanto el acceso a la línea de salida, como después cuando acabas y quieres salir de la zona, es mucho más fluido y cómodo. En resumen, un maratón muy recomendable. 


lunes, 21 de octubre de 2019

Maratón de Chicago 2019. Parte I

El viernes a las 15 horas, ya estábamos en Chicago, que nos recibió con una temperatura fresquita, y algo de lluvia. Tras ir al hotel, y dejar las maletas, salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel, para ir descubriendo un poco la ciudad, y sobre todo, estirar las piernas tras las nueve horas de vuelo. 

El sábado amanecimos temprano, efecto del jet lag, el cual quería mantener hasta el día siguiente, ya que teniendo la salida del maratón para las siete y media de la mañana, me tocaría levantarme en torno a las cinco. Tras desayunar en el hotel, nos reunimos con el grupo de la agencia, que nos acompañaría a la feria del corredor a retirar el dorsal. 

 
Para acudir hasta la feria del corredor, la organización había dispuesto varios puntos en la ciudad, donde coger un autobús que te llevaba hasta la feria, eran los típicos autobuses amarillos, de los escolares, que tantas veces hemos visto en las películas. Esto me recordó a cuando hice el Maratón de San Francisco, ya que la organización en ese maratón hizo lo mismo. 

Ya en la feria del corredor, al entrar pasas por un punto donde una persona te pide la confirmación del dorsal que te han mandado por mail, y un documento oficial con foto, que demuestre que eres el corredor dueño de ese dorsal, y tras pasar el código QR por la tablet que tienen, te muestran los datos que le salen, les confirmas que son correctos, y te dicen el número de stand en el que recoger el dorsal. Vas al stand indicado, donde ya tienen listo tu dorsal, y tras mostrar el pasaporte, te lo dan, y te indican donde retirar la bolsa del corredor, con tu camiseta, publicidad, y alguna muestra gratuita. Tras ello, dimos una vuelta por la feria del corredor, a mi parecer más pequeña que la de Berlín y Nueva York, y bastante parecida a la de Madrid, por tamaño, y por que se celebraba en un pabellón estilo a los de IFEMA. Allí, en uno de los stands, te daban una pegatina para que indicases tu marca deseada en el maratón, y aunque iba con la idea de 3h 45´, en la pegatina fui algo más osado y puse 3h 43´30”, que era la marca que tendría que hacer, según el test del Medio Maratón de Valladolid. 

 
Ya de vuelta en el hotel, decidimos dar un paseo por Millenium Park, que estaba justo enfrente del hotel, y ahí cometimos un fallo, la idea es que fuese un día tranquilo, de no andar mucho, pero en el parque vimos un cartel que indicaba 15 minutos al Navy Pier, así que pensamos ir andando tranquilamente y comer allí, pero los 15 minutos, no sé como estaban medidos, ya que el paseo fue de bastante más tiempo, y luego quedaba la vuelta, así que al final terminamos andando bastante más de lo que queríamos. 

Como os he indicado antes, la salida del maratón la tenía para las 7:30, y la agencia nos había citado en el hall del hotel a las 6:15, por lo que a las 5 de la madrugada ya estaba despierto, me vestí, y bajé a desayunar tranquilamente. En el desayuno como es habitual algo suave, un té, un yogurt, una tostada, y me cogí un plátano, para comerlo antes de la salida del maratón. 



Andando nos dirigimos hacía la salida, y a la entrada del parque nos dividimos para irnos cada uno a nuestra puerta de acceso siendo yo el único que tenía el cajón E, por lo que ya en solitario me dirigí a pasar el control de entrada, que no es como el de Nueva York, donde pasabas por un arco como el de los aeropuertos, pero sí que te pasaban un detector de metales, y en caso de llevar bolsa para el ropero, la revisaban, eso sí, a partir de ahí solo podías llevar la bolsa transparente del ropero que te daba la organización. 

La salida se hace en tres oleadas, roja (en la que yo iba), azul, y naranja, y cada oleada tenía distintos cajones divididos por letras. 

Poco antes de las siete ya estaba en mi cajón el E, en ese momento me encontraba más tranquilo, llevaba varios días bastante nervioso, pero el verme ya tan cerca del momento de la salida, me relajó bastante. Tras sonar el himno americano, llegó el momento de que diesen el pistoletazo de salida. 

 
De salida, intenté no dejarme llevar por la emoción del momento, a eso me ayudó que salíamos con una ligera subida, que no me pilló de sorpresa, ya que el día anterior habíamos estado por la zona de la salida y ya la había visto. Poco después nos adentramos en un largo túnel, en el que ya vi una imagen típica en los maratones, y es ver a una persona andando desde el primer kilómetro, solo pude pensar “que largo se le va a hacer el maratón”. 

Tras salir del túnel, de 650 metros, nos encontramos ante un puente, por el que cruzaríamos por primera vez el río Chicago. Estos puentes se levantan para dejar pasar el tráfico marino, por lo que el suelo no es de hormigón, sino que es de rejilla abierta. La organización había puesto sobre ellos alfombras, pero aún así, al pisar, se notaba la rejilla, siendo algo incómodo. 

Y tras el puente, nos vimos rodeados por la inmensidad de los rascacielos, y el público que a ambos lados se agolpaba animando al paso de los corredores, y en ese momento, me di cuenta que el GPS se había vuelto loco, tras marcarme el primer kilómetro en 5:22 min/km, algo razonable, empezó a no dejar de pitar, le había marcado ritmo rápido 5:10 min/km y ritmo lento 5:25 min/km, y lo mismo me pitaba por ir a un ritmo superior a 7 min/km, que me pitaba por que iba a menos de 4 min/km, sin duda, el largo túnel y los rascacielos, estaban haciendo que no tomase bien las distancias. En ese momento decidí olvidarme un poco del reloj, y centrarme en disfrutar del momento, corriendo entre rascacielos y con el apoyo de la gente. 

 
Pasamos por el primer avituallamiento (estaban situados más o menos cada dos millas, algo más de tres kilómetros), los voluntarios se situaban a ambos lados de las calles, primero con vasos de bebida isotónica, y luego con vasos de agua. En este primer avituallamiento tomé un vaso de bebida isotónica, pero apenas un par de sorbos, ya que tienen más sales que la bebida isotónica de España, y es más fuerte para el estómago. 

En ese punto estábamos serpenteando alrededor del río Chicago, ya habíamos pasado en dos ocasiones por los puentes que lo cruzan, y aún nos quedaba una tercera antes del kilómetro 5. Seguíamos entre rascacielos y con la gente animando a ambos lados de la calle, con los famosos cencerros que ya conocí en Nueva York, y con banderas de diferentes países. 

 
Pasada la milla 2, primer punto en el que estaban mi mujer y el peque animando bandera de España en mano, y un poco más adelante, me sorprendo ante el grito de un espectador de “Vamos A mis 40”, es lo que tienen las redes sociales, que estás corriendo a miles de kilómetros de tu país, pero alguien te anima por tu nick, y es que el espectador era español, nos conocemos virtualmente por instagram, y había ido a Chicago junto un grupo de corredores. 

El maratón de Chicago está medido en millas, 26,2 millas, marcando cada milla a lo largo del recorrido, respecto a los kilómetros están marcados cada 5 kilómetros, y aparte podías ver de vez en cuando algún kilómetro salteado, que no era múltiplo de 5. Llegados al PK5, miré el reloj, marcaba 26´25”, a un ritmo de 5:17 min/km, para haber corrido sin GPS, había logrado estar dentro del ritmo marcado. Para que os hagáis una idea del desfase que llevaba en el GPS, el kilómetro 5 me lo había marcado en 23´57”, a un ritmo de 4:47 min/km, es decir llevaba un desfase de casi dos minutos y medio, en solo 5 kilómetros. 

Con el desayuno, me tomé una pastilla de sales, y aunque a pesar del río Chicago, y del lago Michigan, no se notaba humedad, además de que por lo fresquito de la mañana, no estaba sudando, decidí ser previsor y a los 45 minutos, me tomé otra pastilla de sales. 



En este tramo del maratón, nos dirigimos hacia el norte, entrando en una zona de edificios más bajos, hasta que a la altura de la milla 5 (más o menos kilómetro 8), giramos a la derecha, y empezamos a correr en paralelo al lago Michigan, sin ningún edificio alrededor, y empezando a notar por primera vez desde que tomamos la salida, el viento, que en este punto nos venía de lateral. 

Durante estos kilómetros, fui comprobando el ritmo que me marcaba el GPS, pero seguía sin fiarme, y no me guiaba mucho por lo que me iba marcando. Por el kilómetro 10, pasé con un tiempo de 52´32”, a un ritmo de 5:15 min/km, haciendo ese tramo del 5 al 10 en 26´07”. El GPS seguía con un importante margen de error, ya que me marcó el kilómetro 10 en 49´07”, siendo ya la diferencia de casi tres minutos y medio. 

 
Después de tomar la referencia del kilómetro 10, decidí olvidarme del GPS, no tenía sentido fijarme, ya que el desfase iba en aumento, así que empecé a correr por sensaciones, para ello debía intentar no dejarme llevar y poner un ritmo alto, ni ser muy comedido y que el ritmo fuese muy lento, así que decidí abstraerme de todo, centrarme solo en correr, y en mantener un ritmo constante, más o menos parecido al que había llevado a este ese momento, y es que no estaba dispuesto a tirar semanas de entrenamiento, por culpa del GPS. 

Aún hicimos más de una milla junto al lago, y sin ningún tipo de resguardo, en ese momento giramos a la izquierda, y cerca de la milla 8 (12,8 km aproximadamente) volvimos a girar a la izquierda, corriendo ahora hacia el sur, y de nuevo al resguardo de los edificios. 

Poco antes del kilómetro 15 me tomé el primer paquete de gominolas. Tenía la nariz muy taponada, y solo podía respirar por la boca, en los avituallamientos no daban botellas si no vasos, y eso complicaba comerme las cuatro gominolas y beber agua, a la vez de mantener la respiración, sin duda fue un sufrimiento. A todo esto, decir que el agua que daban en los avituallamientos estaba helada, y con el fresquito que hacía, no apetecía nada, aparte del miedo que me daba que me cortase el estómago, como ya me pasó en el Maratón de SanFrancisco. 

El paso por el kilómetro 15 fue en 1h 18´40”, a un ritmo de 5:15 min/km, haciendo el parcial en 26´08”, calcando prácticamente el tiempo del anterior parcial. 

 
Seguimos dirigiéndonos hacia el sur, en dirección al río Chicago, corriendo por barrios de edificios más bajos, donde de vez en cuando el viento se dejaba sentir, una zona en la que el público volvía a situarse a ambos lados de la calle, después de haber hecho todos los kilómetros en paralelo al lago, prácticamente sin animación. En este tramo, volvían las banderas, la animación, y una cosa que ya vi en el maratón de Nueva York, espectadores dando plátanos, agua y papel de cocina para secarte el sudor, aunque en mi caso no me hacía falta, ya que la fresca temperatura, hacía que prácticamente no fuese sudando. 

Antes de cruzar el río Chicago por cuarta vez, pasamos por el PK20, en ese momento llevaba 1h 44´39”, a un ritmo de 5:14 min/km, haciendo el parcial en 25´59”, seguía centrado en mi ritmo, y de nuevo veía que iba haciendo los parciales a un ritmo muy parecido. 

El medio maratón se encontraba situado tras cruzar, por cuarta vez, el río Chicago, y lo pasé en 1h 50´17”, a un ritmo de 5:14 min/km. A esas alturas de carrera, mejorar mi marca de Valencia (3h 49´30”), salvo hecatombe, lo tenía en la mano, la meta que me había puesto de 3h 45´, también era bastante factible, y empezaba a pensar que el tiempo de 3h 43´30” que había marcado en la feria del corredor podía ser factible.

Puedes leer la segunda parte pinchando aquí.