miércoles, 31 de agosto de 2016

Tras el parón, toca la puesta a punto

Dentro de los runners que conozco, ya sea cara a cara o de las redes sociales, hay una gran variedad de tipos a la hora de afrontar el cambio de una temporada a otra, los hay que se pasan todas las vacaciones sin calzarse las zapatillas, los hay (muy pocos eso sí), que paran los meses de calor y se dedican solo al gimnasio, los hay que no descansan ni una sola semana, los hay que llevan sus zapatillas allá donde van, y hay algunos que en agosto están empezando a preparar un Maratón, como es el caso de los que harán en noviembre el Maratón de Valencia, o ya dentro de un plan de entrenamientos si, por ejemplo, se van a enfrentar en septiembre al Maratón de Berlín.



En mi caso este año ha sido un poco atípico, normalmente dejo de hacer carreras a finales de junio o primeros de julio, y lo que resta de ese mes y hasta que me voy de vacaciones lo dedicó sobre todo a nadar y montar en bici, y a correr poco o nada, y durante las tres semanas de vacaciones descanso totalmente de todo. Este año he alargado la temporada hasta el 31 de julio, y además ha coincidido el final de temporada con el comienzo de dos semanas de vacaciones, por lo que me salté el paso nadar + bici + correr, y paré de golpe. Tras las dos semanas de vacaciones, ya en Madrid, sumé una tercera semana de descanso total, para el pasado 23 de agosto retomar de nuevo el ejercicio.

Como es habitual, para la pretemporada he buscado en distintas web formas de hacerla, y como es habitual te sorprendes cuando lees algunos planes de pretemporada que te recomiendan hacer, que a mi forma de ver no están enfocados para corredores populares, o por lo menos para mí no. Me sorprende leer en alguna web que te habla de hacer hasta siete semanas de pretemporada, o de hacer entre cinco y seis días de entrenamiento (1 o 2 de cuestas, 2 de rodaje suave, 1 de rodaje largo y 1 de cambios de ritmo o series), todos ellos acompañados (eso sí me parece correcto), de estiramientos y abdominales, más dos o tres días que se compaginen con el gimnasio. No sé a vosotros, pero para un corredor popular y en pretemporada, a mí, me parece una burrada.

En mi caso, debo reconocer que igual que una vez empiezo, no tengo ningún problema para ser constante, tras un parón, es tanta la pereza, que siempre me cuesta volver a calzarme las zapatillas, y más este año que he tenido que coger las vacaciones partidas y aún me espera una semana de vacaciones a primeros de septiembre, la cual trastoca bastante mis planes. Por norma general, las vacaciones las dedico completamente a descansar y disfrutar con mi mujer y con mi hijo, en ese aspecto, siempre he sido de ese grupo de runners (por lo que veo, bastante reducido), que en la maleta de las vacaciones no lleva las zapatillas de correr, y eso ha sido así hasta este año, en el que si llevaré conmigo las zapatillas, aunque a día de hoy no tengo muy claro si me las llegaré a calzar, eso ya lo decidiré en la playa, sobre la marcha.

De lo que he leído de la pretemporada, si estoy de acuerdo con un consejo que dan los expertos, y es que si tu parón es superior a dos semanas, nuestro ritmo de carrera habitual se habrá ralentizado y nuestro fondo habrá bajado mucho, por lo tanto será muy importante que nos grabemos en la cabeza la expresión “no te pases”. Hay que tener paciencia, trabajar la capacidad aeróbica con rodajes suaves, e ir incrementando la duración del rodaje de manera progresiva. En este aspecto, recomiendan la regla del 10%, según la cual es recomendable no aumentar el volumen de kilómetros de una semana a otra en más de un 10%.

En la pretemporada no debemos dejar de lado algo tan importante como los ejercicios de fuerza, los abdominales y los lumbares. Con el parón, no solo se ralentiza nuestro ritmo y se reduce nuestro fondo, también vamos a perder fuerza muscular, esa que tan importante es a la hora de mejorar nuestro rendimiento, y que también nos ayuda a evitar lesiones. Podemos aprovechar que nuestras salidas a correr son más cortas para entrenar en un mismo día distintas zonas musculares, ejercitando un día el tren superior (bíceps, tríceps, pecho, dorsal y hombro), y otro el tren inferior (cuádriceps, isquiotibiales, gemelos, adductores y abductores), y siempre, abdominales y lumbares.

Como ya os conté en la entrada Disfrutando de la liberación de correr sin plan, cuando no tengo un plan específico para una carrera es cuando más disfruto de correr, y en mi caso la pretemporada es uno de esos momentos, ya que aunque corra con el reloj GPS, aprovecho para correr sin exigirme, no me impongo un ritmo, ni kilómetros, corro al ritmo que me pide (o me deja el cuerpo). La segunda es correr sin una ruta determinada, así que es momento para ir descubriendo nuevas rutas, zonas de cuestas, o simplemente zonas que añadir a las tiradas de fondo.

Mi pretemporada este año va a ser desde el pasado 23 de agosto, día en que volví a calzarme las zapatillas, hasta el próximo 18 de septiembre que participaré en la primera carrera de la temporada, Madrid corre por Madrid 2016. En teoría van a ser cuatro semanas, con la duda de qué haré en la semana de vacaciones, que espero me lleven a una buena puesta a punto, y a hacer una buena marca el 18 de septiembre, y aunque no creo que esté cerca aún de los tiempos en los que me moví el año pasado, si espero que sea inferior a la marca que hice en Madrid corre por Madrid 2015.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Conclusiones tras mi segundo Maratón

Tras el Maratón de Madrid, publiqué la entrada Respuestas tras correr mi primer Maratón, hoy hago algo parecido, y como continuación a las dos entradas anteriores sobre mi experiencia en el Maratón de San Francisco (parte I y parte II), os traigo esta entrada sobre las conclusiones que extraigo de la experiencia vivida.


Photocall en la feria del corredor
Empezaré ratificando un pensamiento que tuve tras el Maratón de Madrid, y es que, para mí, lo más duro no es el Maratón, la carrera en sí misma, sino prepararlo, son dieciséis semanas entrenando y centrado prácticamente en el Maratón, son muchas sesiones, son tiradas muy largas, y creo que para los corredores populares, como es mi caso, que tenemos familia, trabajo, amigos… es muy duro mantenerte centrado y no dejar pasar entrenamientos, que luego puedes echar en falta. Correr el Maratón obviamente es duro, pero sin duda, ese plan de entrenamientos que te lleva hasta la línea de salida del Maratón es más duro aún.

Respecto a la época en la que sea el Maratón, indicar que he notado una gran diferencia entre preparar un Maratón con temperaturas frías o primaverales, a prepararlo con calor. Esto es una de las cosas que más he notado, el calor ha influido negativamente a la hora de preparar el Maratón, sobre todo en las sensaciones que me transmitía el cuerpo, que era de estar aletargado y de sentir que no podía llevar un ritmo más vivo. Está claro que el frío es más fácil de combatir que el calor, una capa más de ropa, y en cuanto tu cuerpo entra en calor, te olvidas del frío, pero con el calor, da igual las capas de ropa que te quites, que seguirás teniendo calor y conforme avance el entrenamiento será peor. Me he quejado muchas veces de lo incómodo que es el viento cuando corres, a eso añado el calor, sin duda ambos condicionantes meteorológicos me afectan bastante.

Mentalmente, también afecta mucho el trabajo. El Maratón de Madrid coincidió con meses más o menos tranquilos de trabajo, e iba bastante descansado mentalmente, mientras que el de San Francisco lo he preparado en los meses que más carga de trabajo tengo, lo cual hacía que muchos días llegase a casa mentalmente agotado, y eso me afectaba en los entrenamientos, ya que cuando el cuerpo no respondía bien al calor, mentalmente tampoco conseguía animarme, y eso hizo que en demasiadas sesiones llegase a casa bastante desanimado. Por suerte, en esos momentos siempre tuve a mi mujer, que en cuanto llegaba a casa tenía palabras de apoyo, y al pequeñajo, que en seguida se abrazaba y me sacaba una sonrisa.

Envuelto en el plástico para no enfriarme
Con este Maratón he aprendido que por muy duro que haya sido el/los Maratón/es que hayas hecho, y por muy fácil que parezca tu siguiente Maratón, NUNCA debes infravalorar un Maratón. En muchísimas ocasiones he oído que el Maratón de Madrid es uno de los más duros del mundo, y tal vez por eso, porque mi experiencia estaba basada en el Maratón de Madrid, y porque además lo corrí en unas condiciones climatológicas muy duras (lluvia permanente durante todo el Maratón), en cierta medida infravaloré el Maratón de San Francisco. No es que hiciese un plan menos severo o fuerte, ni que en los entrenamientos no me exigiese, pero sí que es cierto que siempre pensé que una vez hecho el de Madrid, cualquier Maratón lo haría sin problemas, y no es así. Un Maratón, da igual que sea llano, que tenga muchas subidas, o que esté lleno de subidas y bajadas, al final son 42.195 metros, es una distancia grande, son muchas horas corriendo, y ya solo con eso la dureza es importante. Un Maratón no es fácil, por lo que no hay que infravalorarlo.

En la entrada Camino a San Francisco: Encaminado a la línea de salida, os comentaba que tenía cinco objetivos, a día de hoy, puedo decir que el primero lo conseguí, acabé el Maratón, el segundo, durante gran parte del Maratón también lo conseguí, ya que disfruté muchísimo del recorrido y de correr el Maratón en una ciudad como San Francisco, y el tercero lo conseguí en gran parte, aunque debo decir que sufrí más de lo que sufrí en el Maratón de Madrid, no porque no pudiese ir al ritmo que quería, ni por las molestias que tuve durante los últimos kilómetros en el talón de Aquiles y en los isquiotibiales, si no por esas molestias estomacales que me generó el vaso de bebida isotónica helado que me dieron en el avituallamiento. Esa continua sensación de malestar estomacal y ganas de vomitar que me acompañó en los últimos kilómetros del Maratón hizo que lo pasase muy mal, y que en varias ocasiones pensase en echarme a un lado para vomitar.

El cuarto y quinto objetivo, (mejorar el crono de Madrid y bajar de las cuatro horas), creo que los tuve a mano, por lo menos hasta el kilómetro 32 llegué dentro de lo que había planeado, pero cuando hubo que apretar para terminar de conseguir esos dos objetivos las piernas no me respondieron. Más allá de las molestias que tuve en los últimos ocho kilómetros, tengo muy claro que, aún sin ellas, no habría bajado de las cuatro horas, y posiblemente ni siquiera hubiese mejorado el tiempo de Madrid, ya que la fatiga que sentía en las piernas era bastante importante. Mucha culpa de ello lo tuvo sin duda el recorrido, ese continuo subir y bajar cuestas, que poco a poco me fue minando, e hizo que cuando quise aumentar el ritmo, no pudiese hacerlo. Tal vez debía haber sido más comedido en esa parte para no llegar tan fatigado al final, la cuestión es que me planteé una estrategia de carrera, que al final no resultó ser la correcta para conseguir esos objetivos.


Medalla y dorsal del Maratón
Este Maratón, me ha ratificado la importancia de la mente. Aunque durante la preparación del Maratón me encontraba agotado mentalmente, por suerte, al día del Maratón llegué bastante fresco, ésto, sumado a que fui bastante cómodo y disfrutando mucho hasta más o menos el kilómetro 34, hizo que mentalmente llegase descansado al tramo en el que necesité apoyarme en la mente. Cuando las piernas no iban todo lo bien que yo quería, cuando veía como el objetivo de mejorar el tiempo se esfumaba, cuando el estómago no paraba de darme problemas y me pedía que parase para vomitar, en ese momento tiré de fortaleza mental, no paré de darme ánimos y de ser optimista, y así conseguí seguir adelante zancada a zancada hasta cruzar la línea de meta.

Hay una cosa que ya me pasó en el Maratón de Madrid, que he repetido en el de San Francisco, y que creo que mentalmente no ayuda. En ambas ocasiones, al tomar la salida no me planteó la meta, son muchos kilómetros los que hay por delante, así que me voy marcando carreras de 5 km, se hace más corto y mentalmente ayuda, pero en ambas ocasiones llegado al kilómetro 32 sin quererlo, sin pensarlo, cambio el chip, me planteo una carrera de 10 km, y empiezo a restar kilómetros, y no sé porque, pero en ninguna de las dos ocasiones eso me ha ido bien, la verdad, no sé muy bien cómo explicarlo, es como si en ese momento dijese, “¡genial, ya llevas 32 kilómetros, solo te quedan 10!”, y ese “ya llevas 32 kilómetros”, pesase más en el ánimo y en las piernas que ese “solo te quedan 10”. Creo que es algo que para futuras ocasiones debo tener en cuenta.


Pasando por el photocall tras cruzar la meta
Respecto al temido muro, aparte de los que subimos en varios momentos del Maratón, por suerte sigo sin encontrármelo, cierto que sufrí los kilómetros finales, pero más por el malestar estomacal que por ritmo, ya que ahí el problema fue que en lugar de ir a 5:30 min/km como quería, iba a 6:30 min/km, pero nada más, nunca llegué a ir ni siquiera a 7:00 min/km, y por supuesto, no me puse a andar en ningún momento. Por lo que comparando con las historias que he leído de otras personas que se dieron de cara contra el muro, lo mío en esos kilómetros finales no creo que tuviese nada que ver con el famoso y temido muro.

Y ahora, tras dos Maratones, toca ir a por el tercero, eso sí, para esta nueva ocasión ya os anticipo que va a ser uno más llano, pero con la lección aprendida, de que por muy llano que sea, por muy fácil que parezca, es un Maratón, y a los 42.195 metros no hay que infravalorarlos.

jueves, 18 de agosto de 2016

Maratón de San Francisco 2016 - Parte II

Puedes leer la parte I pinchando aquí. 

Antes de continuar, indicar que la organización fue espectacular no solo en la organización de la feria del corredor, sino además en cada momento de la prueba, empezando desde la organización de los cajones, la salida escalonada, la cantidad de puntos de avituallamientos que había, (al final del maratón casi en cada milla), los puestos médicos que había situados en cada avituallamiento, y los voluntarios que ayudaban e informaban. La verdad es que todo fue espectacular

Y ahora continuo con lo que fue el Maratón. Pasado el Golden Gate me tomé el primer gel, y además empezaba la parte más dura del Maratón, nos esperaban 16 kilómetros rompe piernas, aunque por otro lado dejábamos atrás la niebla y el viento que nos habían acompañado en el Golden Gate Bridge. Entre el kilómetro 15 y el 20 recorrimos el parque del Presidio y parte de la avenida 28, hasta llegar a la entrada del Golden Gate Park. Al poco de terminar el Golden Gate Bridge, una nueva subida, larga y de bastante inclinación que según terminaba se convertía en una bajada algo más larga que la subida y lógicamente con algo menos de inclinación, para de nuevo encarar una nueva subida, ésta ya más larga aunque también con importante inclinación. En este tramo me pasó algo muy curioso, y es que en San Francisco el tráfico no se corta por donde pasa el Maratón, bueno, si por el recorrido, pero no en los cruces, por lo que te encuentras a la policía regulando en los cruces el tráfico, esperando a que haya hueco para dejarles cruzar. Para ello la organización en determinados puntos, (hasta en cinco puntos diferentes del Maratón), aprovechando que las calles son completamente paralelas, va desviando corredores a una calle u a otra para descongestionar y que los coches puedan pasar por los cruces de calles. En el vídeo que tenéis a continuación podéis ver cómo nos juntamos corredores que vamos por dos calles distintas, y pinchando aquí podéis ver el plano de la organización, donde con líneas discontinuas indica donde se hacía un trazado alternativo. El vídeo corresponde al paso, más o menos, del kilómetro 19, poco antes de entrar al Golden Gate Park, donde mi mujer y el peque se encontraban para animarme, de nuevo saludo, sonrisa, dedo en alto, y confirmación a mi mujer de que voy bien. Un poco más adelante kilómetro 20, tiempo de paso 1:53:31, a un ritmo de 5:41 min/km, cuando lo planeado era de 1:55:00. Entre el kilómetro 15 y el 20 el ritmo fue de 5:41 min/km.


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Y entrabamos en el Golden Gate Park, otro lugar muy interesante turísticamente. Para que os hagáis una idea los que conocéis la Casa de Campo de Madrid, pues es igual, pero bastante más grande. En este parque recorrimos diez kilómetros más o menos. Al poco de entrar nos separamos de los corredores del primer Medio Maratón, para hacer por separado ellos la entrada a meta y nosotros el paso por el Medio Maratón, donde me tomé el segundo gel. Aquí me pasó algo que mentalmente me dejó un poco descolocado, y es que una vez entras en el Golden Gate Park, tienes una nueva cuesta que coronas más o menos en el Medio Maratón (como os he comentado, ese tramo lo hacen solo los del Maratón), después girabas y empezabas una bajada de un kilómetro y medio (bueno más bien era un continuo bajar y subir, pero en el que al final perdías altitud), que luego subías, por lo que te cruzabas con gente que ya venía, y en ese punto me sorprendió ver gente que subía muy rápido y como si no les costase… unos kilómetros más adelante supe la respuesta, y es que entre el kilómetro 23 y el 24 se nos unían los corredores del segundo Medio Maratón, ellos acababan de tomar la salida, y claro, en ese momento iban frescos de piernas.

Como he comentado anteriormente la parte del recorrido que bajabas luego la subías, y llegado al punto donde se inició la bajada, tomabas una nueva cuesta arriba, hasta llegar a la cota más alta del Maratón, 88 metros, en torno al kilómetro 25. En ese punto el tiempo fue de 2:22:49, a un ritmo de 5:43 min/km, cuando lo planeado era de 2:23:45, así que llevaba más de Medio Maratón e iba dentro de lo planeado. El ritmo entre el kilómetro 20 y el 25 fue de 5:52 min/km, ahí se había notado que esos cinco kilómetros fueron complicados de correr, ya que por un lado estaba el continuo subir y bajar, con una subida final de algo más de tres kilómetros, y por otro lado que la carretera se estrechó bastante y era difícil adelantar o no molestar a los del Medio Maratón, que iban disparados.


Saludando a la cámara
Los siguientes kilómetros por el Golden Gate Park transcurrieron alrededor de un lago, fueron más o menos dos kilómetros en el que el recorrido se podía decir que era llano. Al terminar de recorrer el lago, una pequeña bajada, para encarar un nueva subida constante de algo más de tres kilómetros, que nos acompañaría más allá del Golden Gate Park. En ese tramo me tomé el tercer gel, y empecé a no sentirme cómodo, no me encontraba mal, estaba disfrutando del Maratón, y hasta ahí había llevado el ritmo planeado, pero no me terminaba de encontrar tan cómodo como hasta ese momento, y el crono me lo confirmaba. En el kilómetro 30 el tiempo fue de 2:52:41, a un ritmo de 5:45 min/km, lo planeado era de 2:52:30, por lo que estaba cerca, lo malo es que esos cinco kilómetros entre el 25 y el 30 el ritmo había sido de 5:58 min/km.

El Golden Gate Park lo dejamos en torno al kilómetro 29, pero como os he comentado la subida nos acompañó más allá, casi hasta el kilómetro 32. Ese kilómetro lo tenía marcado, desde ahí hasta la meta casi todo el terreno era favorable, ya que había mucho llano, varias bajadas y “solo” tres subidas. Tras coronar la subida que iniciamos en el Golden Gate Park, empezamos una bajada corta y de mucha inclinación con la que llegamos al kilómetro 32, pero esa bajada en lugar de ayudarme a mejorar sensaciones, me dejó algo tocado físicamente, ya que me empezó a dar un pinchazo en el isquiotibial derecho. En el kilómetro 32 miré el crono, la idea era haber llegado a ese punto entre 3:00:00 y 3:05;00, y lo había conseguido, ya que llegué en 3:04:54, me quedaban 10 kilómetros, y si quería bajar de las cuatro horas tendría que hacerlos en 55 minutos, algo muy factible si tengo en cuenta que este año me he movido por debajo de 50 cincuenta minutos en los 10 kilómetros, pero claro, una cosa es hacer 10 kilómetros descansado y otra hacer 10 kilómetros, después de llevar 32 ya en las piernas, y subido y bajado innumerables cuestas.
Ya en la línea de meta
Los dos siguientes kilómetros, 33 y 34, marcaron lo que serían los 8,195 kilómetros restantes, del 34 hasta la meta. En esos kilómetros teníamos una nueva subida, corta, que se agarraba a las piernas, una bajada larga, en la que tenía un primer tramo de bastante inclinación, y en la que de nuevo el isquitibial derecho me empezó a pinchar,  y una nueva subida, está bastante dura, (es la del vídeo que tenéis a continuación), en la que empecé a sentir punzadas en el tendón de Aquiles derecho. Por otro lado en el kilómetro 32 me tomé el cuarto gel, y en el avituallamiento de la milla 20,7 (33,12 kilómetros más o menos), tomé un vaso de bebida isotónica, y tuve la mala suerte de que quien lo preparó decidió ponerle hielo, (durante el maratón la temperatura fue de 13 grados), la bebida estaba helada, y según la tragué noté como me raspaba la garganta y caía malamente en el estómago. Deciros que desde ese momento no eché nada más al estómago, me salté todos los avituallamientos líquidos que quedaban (cinco en total), y no gasté el quinto gel que llevaba, todo por miedo a que si le echaba algo al estómago al final terminase vomitando. Además de todo eso también he de decir que las piernas no me iban, bueno, no iban al ritmo que yo quería llevar en ese momento, yo quería haber ido a un ritmo inferior a 5:30 min/km, y en cambio esos dos kilómetros los hice en 6:00 min/km y 5:55 min/km, por lo que había cedido tiempo, en lugar de recuperarlo, en ese momento ya supe que no iba a bajar de las cuatro horas.

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Desde ese kilómetro 34 las punzadas en los isquitibiales y en el tendón iban y venían, según fuese el terreno, pero lo que no se iba era la sensación de tener el estómago cortado que hacía que en ocasiones tuviese ganas de vomitar. Así que a partir del kilómetro 34 empezó el sufrimiento, y fue el momento de tirar de fortaleza mental, lo bueno es que hasta ese momento había disfrutado mucho del Maratón, de esa visita turística por San Francisco, y la mente la tenía descansada y despejada. El kilómetro 35 lo pasé con un tiempo de 3:23:02, a un ritmo de 5:48 min/km, pero lo peor es que del 30 al 35 el ritmo fue de 6:04 min/km.

Del kilómetro 35 al 40, terreno llano y, ¡por fin!, la última de las innumerables subidas que hicimos a lo largo del Maratón, en la que, como no, el tendón de Aquiles de nuevo me empezó a pinchar. A la subida le seguía una nueva bajada, aunque en este caso como era larga no tenía tanta inclinación como las anteriores y el isquitibial me dio un respiro. Esa bajada coincidía con la milla 24 (38,40 kilómetros más o menos), desde ahí ya todo era terreno llano. Como os decía esos últimos kilómetros no paraba de animarme, las sensaciones no eran buenas, pero el ritmo tampoco era tan malo, eso me ayudaba a ser positivo, y a olvidarme de las molestias, y sobre todo a no pensar en la sensación de estómago cortado que tenía. Los kilómetros empezaban a hacerse largos, pero la meta y el triunfo que suponía acabar el Maratón ya estaba muy cerca. Recuerdo que cuando quedaban solo cuatro kilómetros pensaba, “cuatro kilómetros, ¿qué son cuatro kilómetros después de 16 semanas entrenando?”, y así poco a poco, animándome, sintiéndome cada vez más alegre, más feliz, me fui comiendo la distancia que me separaba de acabar mi segundo Maratón.

En la última milla pasamos junto al estadio de béisbol de los San Francisco Giants, por lo que me permití pasarlo algo más tranquilo y disfrutar viéndolo, y tras él, encaramos el embarcadero que nos llevaría hasta la línea de meta. Ese momento hay que disfrutarlo, ya que se concentra mucha gente, son muchos los aplausos que te conceden los desconocidos que allí se encuentran, son los metros finales de esa mítica cifra de 42.195 metros, es el momento por el que has entrenado tantos meses, y había que saborearlo.
Momento de la entrada en meta
El tiempo final según el GPS fue de 4:11:46, según la organización, que es lo que cuenta, fue de 4:11:53, a un ritmo de 5:58 min/km, lejos de bajar de las cuatro horas, a cuatro minutos de mi tiempo en Madrid, pero eso daba igual, lo importante es que había vencido un nuevo Maratón que a mi modo de parecer, es más rompepiernas que el de Madrid. Según el GPS los últimos 10,195 metros los hice en 1:06:52, a un ritmo de 6:34 min/km, un minuto más de lo que debía haber ido. También como podéis ver en la foto del collage de más abajo, el GPS me marcó 42.710 metros, ¡como si no hubiese tenido suficiente con los 42.195 metros!

Puntos de control de tiempos
Tras recoger la medalla de finisher, que por cierto ¡es bastante grande!, recoger la bebida isotónica, la fruta, un batido para recuperar proteínas, una barrita energética y el plástico para evitar enfriarme, pasé a hacerme la correspondiente foto en el photocall de la organización, y me reuní con mi mujer y el pequeñajo, ya con ellos la emoción me pudo, y las lagrimas vinieron a mis ojos.



Collage de fotos
A modo de resumen, comentar que el ganador del Maratón en hombres fue Max Haines-Stiles, con un tiempo de 2:30:42, y en mujeres fue Tori Tyler, con un tiempo de 2:49:51. En lo personal mi puesto fue el 2001 de los 6331 participantes que acabaron el Maratón (no he conseguido encontrar cuantos lo empezamos), en la categoría de hombres quedé el 1583 de 4170, y en mi categoría por edad y sexo, el 198 de 520.
Resultado del Maratón
Para terminar la entrada, daros una vez más las gracias a todos aquellos que me habéis animado a través de las redes sociales, pero sobre todo a mi mujer, que me animó a hacer este Maratón, y que me ha apoyado y animado los días que llegaba a casa cabizbajo porque los entrenamientos no estaban saliendo como quería, por esos momentos del Maratón en los que nos vimos y que me insuflaron tanta adrenalina. Como ya dije tras el Maratón de Madrid, esta nueva meta cruzada también es mérito de ella, que me apoya.

martes, 16 de agosto de 2016

Maratón de San Francisco 2016 - Parte I

Ya de vuelta de las vacaciones, es hora de contar cómo fue mi experiencia en el Maratón de San Francisco, aquel al que me apunté hace casi un año, y que ha sido el broche de lujo a la temporada 2015/2016.

Photocall en la feria del corredor
Antes de empezar a contar la experiencia de la carrera, empezaré por contar lo que fueron los dos días previos al Maratón. El día 29, como ya os había comentado, volé hasta San Francisco con escala en Zurich, el primer vuelo bien, corto, se pasa rápido, pero el segundo fueron más de doce horas, además al ir de día pasé casi todo el viaje despierto, se hizo interminable, estás deseando no solo aterrizar, si no llegar al hotel, pero todo se retrasa al aterrizar, ya que hay que pasar el control de aduanas, y ese trámite se alargó más de una hora, tiempo que evidentemente pasas de pie. Al final llegamos al hotel más tarde de lo esperado, y aunque tenía en mente bajarme al gimnasio del hotel a correr un poco en la cinta y desentumecer las piernas, estaba tan cansado que no lo hice.

El día 30 nos despertamos temprano, culpa del jet lag, pero esto vendría bien para el madrugón del día del Maratón, e hice la prueba del desayuno del día siguiente. En la habitación había una cafetera estilo Nespresso, así que me tomé un café, y unas cookies que habíamos comprado el día anterior. No hubo ningún problema estomacal, sobre todo por el café, así que ya tenía decidido qué tomar al levantarme el día 31.

Después nos fuimos hasta el punto donde la organización del Maratón tenía habilitados unos autobuses para ir a la feria del corredor. De la feria del corredor, solo puedo decir que increíble lo que había allí montado, sí la del Maratón de Madrid me pareció muy buena ésta era todo un espectáculo, con DJ incluido. La verdad que la feria del corredor daba para estar allí unas horas, pero no era plan, así que recogimos el dorsal y la camiseta, mi mujer recogió una pulsera que le costó 20$, y gracias a la cual tenía servicio de autobuses de la organización que la llevaría a la milla 3, milla 12,5, milla 21 y meta, y sin entretenernos mucho más, nos fuimos.


DJ amenizando la feria del corredor
En ese momento llegó la gran duda, lo ideal era ir al hotel y descansar para el día siguiente, pero estás en San Francisco, nunca has estado en esa ciudad, e irte a pasar el día a una habitación de un hotel no es una opción para dos personas a las que les encanta patearse las ciudades haciendo turismo. Así que optamos por recorrer la ciudad en autobús, nos hicimos con un plano de autobuses, vimos qué líneas coger y dónde hacer transbordos y nos recorrimos una gran parte de la ciudad en autobús, y ya de paso vi varias de las zonas por las que al día siguiente pasaría corriendo, y debo decir que en ese momento me asusté bastante con lo que me esperaba. Tras eso cena, una tila para dormir relajado, y a las ocho de la tarde (9 horas más en España), me metí en la cama para levantarme a las cuatro de la mañana.


Salida del Maratón
Y llegó el día del Maratón, y empezó con una grata sorpresa, mi hermana me había dejado un mensaje de voz en el wasap, pero no era de ella, si no de mi sobrina de cuatro años, en el que me deseaba suerte para la carrera. Primer momento del día en el que casi se me saltan las lágrimas. Como he dicho antes, desayuné un café y unas cookies, y a vestirse. Indicaros que al final a la ropa que tenía preparada para el Maratón, añadí una camiseta técnica interior, y acerté al hacerlo, ya que tuve que hacer uso de ella, y es que la temperatura era muy fresca. El resto de ropa, lo que ya tenía pensado.

La hora de salida de mi cajón era las 5:42 am, y había que estar mínimo 15 minutos antes, así que a eso de las 4:45 am nos fuimos hacía el embarcadero, donde era la salida, no había autobuses a esas horas, así que tuvimos un paseo de treinta minutos, en el que poco a poco nos fuimos encontrando a otros locos del running. Ya en el embarcadero, me quité la ropa de abrigo, cambié las zapatillas (tengo la manía de no llevar puestas las zapatillas de correr), fotos de rigor, nuevo momento en el que casi lloro al decir hasta luego a mi mujer y al peque, y con tiempo de sobra me metí en el cajón de salida a calentar, mientras mi mujer y el peque se fueron a buscar el autobús que les llevaría hasta la milla 3, más o menos el kilómetro 5.


Momentos antes de la salida
Comentaros que además del Maratón, ese día se corría un Ultra Maratón, una carrera de 5 kilómetros y dos Medio Maratón, el primer Medio Maratón compartía recorrido con nosotros desde el embarcadero hasta el Golden Gate Park, donde terminaba, y el segundo compartía recorrido con nosotros desde el Golden Gate Park, donde empezaba, hasta la meta del embarcadero.

Ya en el cajón de salida, acompañado por corredores de distintas nacionalidades, intentaba calmar los nervios, centrarme en lo que me esperaba, y sobre todo deseaba empezar a correr, en eso estaba cuando empezó a sonar el himno de EEUU, en ese momento se me puso el vello de punta de ver a la gente cantar el himno con tanta pasión, no es tu himno, pero ¡ufff!, es un momento increíble.


Camiseta personalizada
Van dando la salida a los distintos cajones, y llega la hora del mío, empiezas a correr a dar zancadas, y los nervios se alejan conforme se aleja la línea de salida, junto a mí sale el globo de 3:50, al cual dejo pasar, mi estrategia la tengo clara, intentar llegar al kilómetro 32 con un tiempo entre las 3:00 horas y las 3:05 horas, para ello el ritmo debía ser de 5:45 min/km.

Los primeros kilómetros transcurren con el embarcadero a un lado, pasando por el Fishermam´s Wharf y el mítico Pier 39. Esos kilómetros los aprovecho para disfrutar de las vistas e ir acomodando el ritmo, pero claro, todo no puede ser perfecto, y tengo un contratiempo inesperado, me he decantado por unos geles que son más líquidos, y el formato es algo más grande, por lo que no se sujetan bien en el cinturón y se me cayeron, (cuatro en total, el quinto lo llevaba en una pequeña riñonera junto con el móvil), así que corro varios cientos de metros con los cuatro geles en las manos, no sé muy bien donde guardarlos, incluso medito tirarlos, pero al final, una lucecita se me enciende, y los meto dentro de los manguitos, dos en cada uno, ¡perfecto!, ahí ni molestan ni se caen, así que solvento el inconveniente.


Recorrido del Maratón
Los primeros cinco kilómetros son casi llanos, a excepción de un pequeño muro que había en el recorrido, una subida corta, pero de bastante inclinación, que según terminas de subir bajas, lo mismo, bajada corta y con bastante inclinación. Tras esa bajada me encuentro con mi mujer y el peque, saludo, sonrisa, dedo en alto indicando que todo va bien, y a seguir, que ya llegamos al kilómetro 5, en ese punto miro el crono, marcaba 28:26, a 5:41 min/km, yo me había marcado un tiempo de paso de 28:45, así que iba dentro del ritmo.


Saludando a la cámara
Hasta el kilómetro 8 volvíamos a tener camino llano, seguíamos corriendo en paralelo a la costa, el embarcadero ya lo habíamos dejado atrás y pasábamos por otro punto conocido, el Ghirardelli Square, famoso por sus chocolates. El Golden Gate se empezaba a mostrar imponente ante nosotros, y yo empezaba a pensar que nos iba a tocar una nueva subida importante, ya que teníamos que ponernos a la altura del puente, y nos acercábamos, pero no subíamos. Y mis temores se fundaron, nuevo muro, y este más largo y con más inclinación que el anterior, que nos situaría al inicio del Golden Gate, cuando me encontré ante él, solo pude pensar que era un momento increíble, estaba recorriendo el mítico ¡Golden Gate!, en ese punto el clima dejó de ser agradable, el viento aumentó, también hacia más frío y había niebla por encima del puente, no viéndose en su totalidad. En ese punto muchos aprovechaban para grabar o hacerse fotos, pero yo seguí a lo mío, seguir recorriendo metros. Había que recorrer el puente en su totalidad, salir de él, hacer un giro de 180 grados y volver a cruzarlo. Decir que el tráfico no lo cortaron, el puente tiene tres carriles de entrada y tres de salida, nosotros ocupábamos dos de entrada, estos dos carriles los dividieron en uno de ida, otro de vuelta y otro pequeño carril de seguridad que nos separaba de los coches que ocupaban el tercer carril del puente. Recorrer el Golden Gate, fue uno de los momentos más emocionantes del Maratón, y tras dar el giro de 180 grados intenté inmortalizarlo, pero no lo conseguí… saqué el móvil de la riñonera, lo puse en función vídeo y le puse a grabar, o eso creí, el caso que no fue así, no sé qué hice, que lo que grabe fue el suelo y a mis acompañantes, que por cierto en ese momento era un chico que corría en pijama, también me encontré con otro disfrazado de Pokemón, un Superman y algún que otro más disfrazado, que ya no recuerdo.


Altimetría del Maratón
Al poco de entrar al Golden Gate el GPS me señaló el kilómetro 10, marcaba un tiempo de 57:18, a un ritmo de 5:44 min/km, mi idea era haber llegado ahí en 57:30, así que seguía dentro de lo planeado. El ritmo del kilómetro 5 al 10 fue de 5:46 min/km.

El Golden Gate no es plano, desde el inicio vas subiendo, con una inclinación yo diría que como la del Paseo de la Castellana, de esa que no se nota, y cuando llegas al centro comienzas a descender, y lo mismo para la vuelta. Además al tener una longuitud de 2,7 km, el kilómetro 15 también lo pasas en el Golden Gate, ya casi acabándolo. En ese kilómetro el GPS marcó 1:25:04, a un ritmo de 5:40 min/km, cuando lo planeado era de 1:26:15. El ritmo del kilómetro 10 al 15 había sido de 5:33 min/km.

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