martes, 29 de octubre de 2019

Conclusiones tras mi octavo maratón

Tras contar como fue la experiencia en el Maratón de Chicago (parte I y parte II), es el momento de sacar conclusiones de toda la experiencia vivida, desde el primer entrenamiento del maratón hasta cruzar la meta de mi octavo maratón, y tercer major. 

Lo primero es el plan de entrenamientos y el cambio que he realizado en este maratón, respecto a anteriores planes de entrenamiento. Para este maratón tomé como base un plan para bajar de 3h 45´ en un maratón, el plan constaba de 12 semanas de entrenamiento, con 3 semanas de 4 días de entrenamientos a la semana, seis semanas de cinco entrenamientos, dos semanas de seis entrenamientos, y una semana de tres entrenamientos, en total 57 sesiones. Como he indicado, yo lo tomé como base para tener referencias de ritmos, ya que mi plan ha consistido en 14 semanas con tres días de entrenamiento por semana, es decir 42 sesiones, a las que podemos sumar las tres sesiones de rodajes suaves en la playa, es decir 45 sesiones en total, en 15 semanas. 

 
Otro cambio que le hice al plan fueron las tiradas largas, según el plan base, había que hacer tiradas de hasta 27 y 31 kilómetros, pero en mi caso el máximo fue de 22 kilómetros. Y en este caso en lugar de hacer las sesiones progresivas con un ritmo entre 5´57” y 5´21”, como indicaba el plan, yo las hice progresivas entre 5´55” y 5´. 

Además de los entrenamientos de correr, como en anteriores ocasiones he complementado con ejercicios de fortalecimiento, core, sesiones de estiramiento, y foam roller, y después de las sesiones intensas he tomado un suplemento recuperador, que ya utilice el año pasado cuando preparé Berlín y Nueva York.

Con esos cambios, a pesar de hacer doce sesiones menos y de hacer tiradas largas de menos kilómetros que el plan original, he logrado bajar de 3h 45´.

Desde primeros de año, hice un cambio en mi forma de entrenar, sesiones más cortas, menos kilómetros, pero más intensos, buscando de esta manera restar kilómetros basura, y meter más kilómetros de calidad. Al principio me costó, pero según fueron pasando los meses fui notando la mejoría, que he notado tanto en las buenas sensaciones en carrera, como en las marcas, ya que no solo he mejorado mi marca en el maratón en más de siete minutos, también he mejorado en medio maratón casi dos minutos y medio, y casi seis minutos en el 15K. 

 
Otra modificación que he hecho, y que he notado que ha sido muy positiva, ha sido el masaje de descarga. Normalmente me lo suelo dar antes de empezar el plan de entrenamiento, pero en esta ocasión me lo di durante el plan de entrenamiento, unas tres semanas antes del maratón, y resultó milagroso, ya que pasé a notar las piernas mucho más ligeras, y molestias que empezaba a notar por la carga de kilómetros, me desaparecieron, llegando al día del maratón mucho más fresco que en otras ocasiones. 

El preparar un maratón en los meses de verano, con el calor, y con sesiones a más de 30 grados, suponía un inconveniente, ya que no me terminaba de notar del todo bien, los ritmos no me salían como estaban en el plan, y las sensaciones no eran buenas, pero en este caso la experiencia es un grado, ya había pasado por ello el año anterior, al preparar el Maratón de Berlín, por lo que sabía que no tenía que darme por vencido, y que una vez bajasen las temperaturas las sensaciones serían mejores, sin necesidad de bajar la intensidad del plan. 

Otro aspecto nuevo a destacar en el plan, ha sido el meter en algunos de los rodajes, series en cuestas, creo que han sido una buena decisión, me han ayudado a fortalecer las piernas, y a evitar, o por lo menos retrasar, la fatiga en un maratón. La mezcla de rodaje más cuestas se hacía dura, pero internamente, me encontraba muy bien con ese tipo de entrenamiento, y creo que han dado el fruto deseado.

El Maratón de Chicago ha supuesto, a día de hoy, mi mejor maratón, ya no solo por la marca, sino por las sensaciones a lo largo de toda la carrera. A él llegaba con muy buenas sensaciones, sin molestias de ningún tipo, con la mente muy despejada, y muy ilusionado y optimista, tanto, que no podía creérmelo, y esperaba que en cualquier momento algo se torciera, pero por suerte no fue así. El llegar bien física y mentalmente, me hizo superar los pocos malos momentos del maratón, como fue el fallo del GPS, o el sufrimiento que pasaba cada vez que me tocaba tomar las gominolas. En otro maratón, en otras circunstancias, posiblemente me hubiese desconectado, pero en esta ocasión supe abstraerme de todo y seguir comiéndome los kilómetros. Eso sí, lo que he sacado en claro de este maratón, es que no volveré a usar las gominolas en un maratón. 

 
Como es habitual, antes del maratón me propuse varios objetivos: 

- El primero, cruzar la meta de mi octavo maratón, lo conseguí. 
- El segundo, sufrir lo menos posible y disfrutar al máximo. Puedo decir que es el maratón en el que menos he sufrido y que he disfrutado mucho, aunque ha sido de una manera diferente al de Nueva York. 
- El tercero, mejorar la marca de Valencia de 3h 49´30”, también lo logré. 
- El cuarto, lograr la marca para la que había entrenado, 3h 45´, lo conseguí de sobra, ya que incluso lo bajé a 3h 42´17”. 

El fallo en el GPS, me hizo correr casi sin referencias, solo las que sacaba cada 5 km, lo cual podía ser malo, ya que podía dejarme llevar en exceso, sobre todo por un ritmo cómodo, y echar al traste todo lo entrenado, pero la verdad que fue como si las piernas estuviesen ya hechas a un ritmo de 5:15 min/km, y prácticamente fue el ritmo que fui llevando durante todo el maratón. Es posible, que hubiese podido llevar algo más de ritmo durante la carrera, pero teniendo en cuenta la situación, estoy muy contento con el resultado. 

 
Con este, ya son tres los majors que llevo hechos, la experiencia vivida en cada uno de ellos ha sido increíble, y aunque en un principio nunca me había propuesto correr los seis majors, estando ya a mitad de camino, si empiezo a vislumbrar la posibilidad, con tiempo, de completarlos todos.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Maratón de Chicago 2019. Parte II

Puedes leer la primera parte pinchando aquí.

Pasado el medio maratón, ya de nuevo entre rascacielos, chute de energía al ver a mi mujer y al peque, aunque bueno, en esta ocasión si no me avisan ellos, yo nos los hubiese visto, ya que justo me pillaron mirando el GPS, y haciendo cálculos mentales de mi paso por el medio maratón. Poco después de nuevo me encontré con el espectador español, que en esta ocasión me grito “vamos Manu!!”. Y tras estos momentos de emoción y ánimos, cruzábamos nuevamente un puente, la quinta vez, y todavía nos quedaba un sexto paso sobre el río. Los puentes como indiqué en la parte I, son de rejilla abierta y la organización había puesto una alfombra para que la pisada no fuese tan molesta, aunque eso solo conseguía mitigarlo en parte. 


Encarábamos una larga recta, dejando atrás los rascacielos y entrando en una zona más residencial. De nuevo, un momento de la carrera en la que, aunque había gente animando, no era tanto como en la zona que acabábamos de dejar atrás. 

En torno a las dos horas de carrera tocaba tomar un nuevo paquete de gominolas, y de nuevo llegaba el sufrimiento, nariz taponada, vaso de agua helada, cuatro gominolas, había que masticarlas de una en una, a la vez que mantienes el ritmo y respiras por la boca… una verdadera odisea, que salvé como pude, intentando no perder mucho ritmo, y jurándome a mí mismo que era el último maratón en el que tomaba gominolas, para el próximo volvería a los geles. 

Al final de la larga recta girábamos a la izquierda y nos encontrábamos con el PK25, por el que pasé con un tiempo de 2h 10´46”, a un ritmo de 5:14 min/km, haciendo el tramo desde el kilómetro 20 al 25 en 26´07”. En ese momento llevaba ya tres parciales de 5 kilómetros corriendo por sensaciones, olvidándome del GPS, y la verdad es que no me estaba yendo nada mal, ya que mantenía un ritmo regular, en el que me encontraba bastante cómodo, aunque también es verdad, que quedaban por delante los kilómetros más duros de un maratón, donde el ritmo suele resentirse. 


Pasado el kilómetro 25, volvimos a encarar una larga recta de más de una milla, seguíamos corriendo por la zona residencial, deshaciendo el camino que habíamos hecho anteriormente, volviendo hacia el río. En ese momento del maratón son tan importante las piernas como la cabeza, y yo intenté motivarme con recuerdos, como los entrenamientos que hice por mi pueblo con altas temperaturas, o también venían a mi mente las dos últimas tiradas largas, de 18 y 16 kilómetros, que había compartido con mis compañeras de Adidas Runners Madrid, que tan amenas me resultaron, y que en ese momento me ayudaban a seguir recorriendo kilómetros. 

Y llegaba la hora de tomar una un nueva referencia, el kilómetro 30, en ese momento llevaba 2h 37´04”, el ritmo de carrera hasta ese punto era de 5:14 min/km, y ese intervalo de 5 kilómetros lo había hecho en 26´18”. 

Llegaba el momento en el que se dice que empieza el maratón, estás a solo doce kilómetros de la meta, pero ya llevas treinta kilómetros en las piernas, aunque en lo que a mí respecta, me encontraba bastante bien, tanto física como mentalmente, además, en los últimos kilómetros llevaba la referencia de un corredor de Costa Rica, que unos metros por delante de mí, iba marcando un ritmo que se adecuaba al mío. 


En este nuevo intervalo de cinco kilómetros, llegó un nuevo momento malo, tocaba tomar el tercer paquete de gominolas, en este caso con cafeína, misma operación que anteriormente, y mismo sufrimiento, hasta el punto que de las cuatro gominolas decidí tomarme solo dos. 

La verdad es que es muy curioso, el correr sin GPS no me había afectado mentalmente, tampoco los tramos de viento, y sin embargo, el tener que tomar las gominolas estaba logrando sacarme del maratón, así que siendo consciente de que era una decisión arriesgada, opté por no tomar nada más en lo que quedaba de carrera. Este trance, también supuso que perdiese la referencia del corredor de Costa Rica, ya que tuve que bajar el ritmo, y el otro corredor se me fue. 

Tras ello cruzamos por sexta y última vez el río, de nuevo los espectadores empezaban a agolparse a ambos lados, más según nos acercábamos a Chinatown, donde entre los espectadores se encontraban mi mujer y el peque. En esta ocasión los vi mientras girábamos, y pude saludarles y sonreírles, transmitiéndoles que todo iba bien. 

Una vez dejamos atrás Chinatown, nos encontramos con el PK35, que hice en un tiempo de 3h 03´37”, ritmo de carrera 5:15 min/km, siendo ese el peor parcial de todo el maratón, ya que lo hice en 26´33”. No me encontraba mal de piernas, así que entendí que esa bajada de ritmo fue debida al momento de comerme las gominolas, en el que desconecté un poco de la carrera. 


Ahora corríamos de nuevo por una zona residencial, de edificios bajos, en paralelo a la carretera, y sin apenas animación. Me habían hablado de la animación del público en el Maratón de Chicago, que congrega más de millón y medio de espectadores, y la verdad es que en ese aspecto, comparado con Nueva York o con Berlín, se queda un poco atrás. Es cierto que hay mucho público, pero se concentra en determinados puntos del recorrido, existiendo tramos de la carrera en los que la presencia de público es testimonial. 

En mi mente ya solo pensaba en el kilómetro 40, y pasada la milla 24 (38,4 km), encaramos una larga recta que llegaba casi hasta la milla 26, y desde el comienzo de la recta, a lo lejos se podía ver el gran cartel azul que marcaba el kilómetro 40. 

En esta recta de nuevo la gente se agolpaba a ambos lados, los gritos de ánimo iban en aumento según ibas avanzando por ella, y veías como poco a poco se acercaba el cartel azul, hasta que te veías junto a él, y a tu mente solo te viene la idea de que el maratón ya está hecho. 


Por el cartel que marcaba el PK40 pasé con un tiempo de 3h 29´53”, a un ritmo de 5:15 min/km, haciendo el intervalo del 35 al 40 en 26´16”. Eso suponía mejor ritmo que en el intervalo anterior, y sobre todo, era el primer maratón en el que había conseguido llevar un ritmo más o menos constante en la carrera. 

Había quedado con mi mujer en que iría a verme a ese punto, para darme la bandera de España, y así entrar con ella en meta. Ella llevaba un cortavientos fosforito que nos había regalado la agencia con la que viajamos, por lo que me fue fácil verla desde lejos, emocionado me fui hacia ellos, les di un abrazo, un beso, mi mujer me dio la bandera, y le di voz a la idea que me había venido al pasar por el PK40, y le dije “ya está hecho”. 

Desde ese momento, decidí dejar de abstraerme, y disfrutar de lo que quedaba de maratón, bajaba el ritmo, me acercaba al público, chocaba las manos, saludaba a los españoles, que ondeaban la bandera, y me animaban al grito de “vamos España”, y entre los espectadores, me encontré de nuevo con el espectador que conozco virtualmente por instagram. Quedaba solo una milla para meta, y él me animó al grito de “solo queda una milla”, yo me acerqué a él, le choque la mano, y le di las gracias por los ánimos que me había dado hasta en tres puntos del maratón. 



Continué haciendo el último tramo del maratón de la misma forma, pasé por un cartel que indicaba 800 metros, menos de un kilómetro para meta pensé. Seguí saludando y corriendo, encaraba el final de la larga recta, cartel de 400 metros, momento en el que me até la bandera al cuello. Desde que me la dio mi mujer la había llevado sobre los hombros, y en ese tramo, en el que cruzábamos un nuevo puente, en esta ocasión sobre las vías del tren, me la até al cuello a modo de capa. 

Giramos a la izquierda, y encaramos la recta de meta, cartel de 200 metros, y llegó el momento del ritual, mirada al cielo, con los dos dedos índices señalándolo, di las gracias a mi abuela, por supuesto, mientras me acercaba a la línea de meta aplaudía y daba las gracias al público que había en esa zona, y sobre todo disfruté de cruzar una nueva meta de un maratón, la octava, la de mi tercer major. 

El tiempo en meta fue de 3h 42´17”, a un ritmo de 5:16 min/km, siendo mi mejor marca en un maratón, mejorando hasta mis perspectivas más optimistas, y lo más positivo de todo, es que física y mentalmente, durante toda la carrera me había encontrado muy bien, sin duda los entrenamientos, habían dado su fruto. A título informativo, decir que el GPS al final del maratón me marcó 44,370 km, es decir, acumuló un error de más de dos kilómetros. 

De la organización del maratón, me quedó un gran sabor de boca, los avituallamientos, la cantidad de voluntarios que hay, el trato al corredor tanto antes, durante y después de cruzar la meta, siempre sonriéndote, animándote, felicitándote, siempre atentos. El público, una pena las zonas en las que corres prácticamente solo, pero en las zonas en las que se congregaban siempre están animando y tirando de ti, y al igual que en Nueva York, te felicitan cuando te ven con la medalla colgada tras el maratón. 

En comparación con Berlín y Nueva York, indicar que en Chicago tanto el acceso a la línea de salida, como después cuando acabas y quieres salir de la zona, es mucho más fluido y cómodo. En resumen, un maratón muy recomendable. 


lunes, 21 de octubre de 2019

Maratón de Chicago 2019. Parte I

El viernes a las 15 horas, ya estábamos en Chicago, que nos recibió con una temperatura fresquita, y algo de lluvia. Tras ir al hotel, y dejar las maletas, salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel, para ir descubriendo un poco la ciudad, y sobre todo, estirar las piernas tras las nueve horas de vuelo. 

El sábado amanecimos temprano, efecto del jet lag, el cual quería mantener hasta el día siguiente, ya que teniendo la salida del maratón para las siete y media de la mañana, me tocaría levantarme en torno a las cinco. Tras desayunar en el hotel, nos reunimos con el grupo de la agencia, que nos acompañaría a la feria del corredor a retirar el dorsal. 

 
Para acudir hasta la feria del corredor, la organización había dispuesto varios puntos en la ciudad, donde coger un autobús que te llevaba hasta la feria, eran los típicos autobuses amarillos, de los escolares, que tantas veces hemos visto en las películas. Esto me recordó a cuando hice el Maratón de San Francisco, ya que la organización en ese maratón hizo lo mismo. 

Ya en la feria del corredor, al entrar pasas por un punto donde una persona te pide la confirmación del dorsal que te han mandado por mail, y un documento oficial con foto, que demuestre que eres el corredor dueño de ese dorsal, y tras pasar el código QR por la tablet que tienen, te muestran los datos que le salen, les confirmas que son correctos, y te dicen el número de stand en el que recoger el dorsal. Vas al stand indicado, donde ya tienen listo tu dorsal, y tras mostrar el pasaporte, te lo dan, y te indican donde retirar la bolsa del corredor, con tu camiseta, publicidad, y alguna muestra gratuita. Tras ello, dimos una vuelta por la feria del corredor, a mi parecer más pequeña que la de Berlín y Nueva York, y bastante parecida a la de Madrid, por tamaño, y por que se celebraba en un pabellón estilo a los de IFEMA. Allí, en uno de los stands, te daban una pegatina para que indicases tu marca deseada en el maratón, y aunque iba con la idea de 3h 45´, en la pegatina fui algo más osado y puse 3h 43´30”, que era la marca que tendría que hacer, según el test del Medio Maratón de Valladolid. 

 
Ya de vuelta en el hotel, decidimos dar un paseo por Millenium Park, que estaba justo enfrente del hotel, y ahí cometimos un fallo, la idea es que fuese un día tranquilo, de no andar mucho, pero en el parque vimos un cartel que indicaba 15 minutos al Navy Pier, así que pensamos ir andando tranquilamente y comer allí, pero los 15 minutos, no sé como estaban medidos, ya que el paseo fue de bastante más tiempo, y luego quedaba la vuelta, así que al final terminamos andando bastante más de lo que queríamos. 

Como os he indicado antes, la salida del maratón la tenía para las 7:30, y la agencia nos había citado en el hall del hotel a las 6:15, por lo que a las 5 de la madrugada ya estaba despierto, me vestí, y bajé a desayunar tranquilamente. En el desayuno como es habitual algo suave, un té, un yogurt, una tostada, y me cogí un plátano, para comerlo antes de la salida del maratón. 



Andando nos dirigimos hacía la salida, y a la entrada del parque nos dividimos para irnos cada uno a nuestra puerta de acceso siendo yo el único que tenía el cajón E, por lo que ya en solitario me dirigí a pasar el control de entrada, que no es como el de Nueva York, donde pasabas por un arco como el de los aeropuertos, pero sí que te pasaban un detector de metales, y en caso de llevar bolsa para el ropero, la revisaban, eso sí, a partir de ahí solo podías llevar la bolsa transparente del ropero que te daba la organización. 

La salida se hace en tres oleadas, roja (en la que yo iba), azul, y naranja, y cada oleada tenía distintos cajones divididos por letras. 

Poco antes de las siete ya estaba en mi cajón el E, en ese momento me encontraba más tranquilo, llevaba varios días bastante nervioso, pero el verme ya tan cerca del momento de la salida, me relajó bastante. Tras sonar el himno americano, llegó el momento de que diesen el pistoletazo de salida. 

 
De salida, intenté no dejarme llevar por la emoción del momento, a eso me ayudó que salíamos con una ligera subida, que no me pilló de sorpresa, ya que el día anterior habíamos estado por la zona de la salida y ya la había visto. Poco después nos adentramos en un largo túnel, en el que ya vi una imagen típica en los maratones, y es ver a una persona andando desde el primer kilómetro, solo pude pensar “que largo se le va a hacer el maratón”. 

Tras salir del túnel, de 650 metros, nos encontramos ante un puente, por el que cruzaríamos por primera vez el río Chicago. Estos puentes se levantan para dejar pasar el tráfico marino, por lo que el suelo no es de hormigón, sino que es de rejilla abierta. La organización había puesto sobre ellos alfombras, pero aún así, al pisar, se notaba la rejilla, siendo algo incómodo. 

Y tras el puente, nos vimos rodeados por la inmensidad de los rascacielos, y el público que a ambos lados se agolpaba animando al paso de los corredores, y en ese momento, me di cuenta que el GPS se había vuelto loco, tras marcarme el primer kilómetro en 5:22 min/km, algo razonable, empezó a no dejar de pitar, le había marcado ritmo rápido 5:10 min/km y ritmo lento 5:25 min/km, y lo mismo me pitaba por ir a un ritmo superior a 7 min/km, que me pitaba por que iba a menos de 4 min/km, sin duda, el largo túnel y los rascacielos, estaban haciendo que no tomase bien las distancias. En ese momento decidí olvidarme un poco del reloj, y centrarme en disfrutar del momento, corriendo entre rascacielos y con el apoyo de la gente. 

 
Pasamos por el primer avituallamiento (estaban situados más o menos cada dos millas, algo más de tres kilómetros), los voluntarios se situaban a ambos lados de las calles, primero con vasos de bebida isotónica, y luego con vasos de agua. En este primer avituallamiento tomé un vaso de bebida isotónica, pero apenas un par de sorbos, ya que tienen más sales que la bebida isotónica de España, y es más fuerte para el estómago. 

En ese punto estábamos serpenteando alrededor del río Chicago, ya habíamos pasado en dos ocasiones por los puentes que lo cruzan, y aún nos quedaba una tercera antes del kilómetro 5. Seguíamos entre rascacielos y con la gente animando a ambos lados de la calle, con los famosos cencerros que ya conocí en Nueva York, y con banderas de diferentes países. 

 
Pasada la milla 2, primer punto en el que estaban mi mujer y el peque animando bandera de España en mano, y un poco más adelante, me sorprendo ante el grito de un espectador de “Vamos A mis 40”, es lo que tienen las redes sociales, que estás corriendo a miles de kilómetros de tu país, pero alguien te anima por tu nick, y es que el espectador era español, nos conocemos virtualmente por instagram, y había ido a Chicago junto un grupo de corredores. 

El maratón de Chicago está medido en millas, 26,2 millas, marcando cada milla a lo largo del recorrido, respecto a los kilómetros están marcados cada 5 kilómetros, y aparte podías ver de vez en cuando algún kilómetro salteado, que no era múltiplo de 5. Llegados al PK5, miré el reloj, marcaba 26´25”, a un ritmo de 5:17 min/km, para haber corrido sin GPS, había logrado estar dentro del ritmo marcado. Para que os hagáis una idea del desfase que llevaba en el GPS, el kilómetro 5 me lo había marcado en 23´57”, a un ritmo de 4:47 min/km, es decir llevaba un desfase de casi dos minutos y medio, en solo 5 kilómetros. 

Con el desayuno, me tomé una pastilla de sales, y aunque a pesar del río Chicago, y del lago Michigan, no se notaba humedad, además de que por lo fresquito de la mañana, no estaba sudando, decidí ser previsor y a los 45 minutos, me tomé otra pastilla de sales. 



En este tramo del maratón, nos dirigimos hacia el norte, entrando en una zona de edificios más bajos, hasta que a la altura de la milla 5 (más o menos kilómetro 8), giramos a la derecha, y empezamos a correr en paralelo al lago Michigan, sin ningún edificio alrededor, y empezando a notar por primera vez desde que tomamos la salida, el viento, que en este punto nos venía de lateral. 

Durante estos kilómetros, fui comprobando el ritmo que me marcaba el GPS, pero seguía sin fiarme, y no me guiaba mucho por lo que me iba marcando. Por el kilómetro 10, pasé con un tiempo de 52´32”, a un ritmo de 5:15 min/km, haciendo ese tramo del 5 al 10 en 26´07”. El GPS seguía con un importante margen de error, ya que me marcó el kilómetro 10 en 49´07”, siendo ya la diferencia de casi tres minutos y medio. 

 
Después de tomar la referencia del kilómetro 10, decidí olvidarme del GPS, no tenía sentido fijarme, ya que el desfase iba en aumento, así que empecé a correr por sensaciones, para ello debía intentar no dejarme llevar y poner un ritmo alto, ni ser muy comedido y que el ritmo fuese muy lento, así que decidí abstraerme de todo, centrarme solo en correr, y en mantener un ritmo constante, más o menos parecido al que había llevado a este ese momento, y es que no estaba dispuesto a tirar semanas de entrenamiento, por culpa del GPS. 

Aún hicimos más de una milla junto al lago, y sin ningún tipo de resguardo, en ese momento giramos a la izquierda, y cerca de la milla 8 (12,8 km aproximadamente) volvimos a girar a la izquierda, corriendo ahora hacia el sur, y de nuevo al resguardo de los edificios. 

Poco antes del kilómetro 15 me tomé el primer paquete de gominolas. Tenía la nariz muy taponada, y solo podía respirar por la boca, en los avituallamientos no daban botellas si no vasos, y eso complicaba comerme las cuatro gominolas y beber agua, a la vez de mantener la respiración, sin duda fue un sufrimiento. A todo esto, decir que el agua que daban en los avituallamientos estaba helada, y con el fresquito que hacía, no apetecía nada, aparte del miedo que me daba que me cortase el estómago, como ya me pasó en el Maratón de SanFrancisco. 

El paso por el kilómetro 15 fue en 1h 18´40”, a un ritmo de 5:15 min/km, haciendo el parcial en 26´08”, calcando prácticamente el tiempo del anterior parcial. 

 
Seguimos dirigiéndonos hacia el sur, en dirección al río Chicago, corriendo por barrios de edificios más bajos, donde de vez en cuando el viento se dejaba sentir, una zona en la que el público volvía a situarse a ambos lados de la calle, después de haber hecho todos los kilómetros en paralelo al lago, prácticamente sin animación. En este tramo, volvían las banderas, la animación, y una cosa que ya vi en el maratón de Nueva York, espectadores dando plátanos, agua y papel de cocina para secarte el sudor, aunque en mi caso no me hacía falta, ya que la fresca temperatura, hacía que prácticamente no fuese sudando. 

Antes de cruzar el río Chicago por cuarta vez, pasamos por el PK20, en ese momento llevaba 1h 44´39”, a un ritmo de 5:14 min/km, haciendo el parcial en 25´59”, seguía centrado en mi ritmo, y de nuevo veía que iba haciendo los parciales a un ritmo muy parecido. 

El medio maratón se encontraba situado tras cruzar, por cuarta vez, el río Chicago, y lo pasé en 1h 50´17”, a un ritmo de 5:14 min/km. A esas alturas de carrera, mejorar mi marca de Valencia (3h 49´30”), salvo hecatombe, lo tenía en la mano, la meta que me había puesto de 3h 45´, también era bastante factible, y empezaba a pensar que el tiempo de 3h 43´30” que había marcado en la feria del corredor podía ser factible.

Puedes leer la segunda parte pinchando aquí.

jueves, 10 de octubre de 2019

Chicago, la ciudad del viento nos espera

Chicago, ciudad con un apelativo curioso, del cual parece que va a hacer gala durante nuestra estancia allí, ya que se esperan vientos de más de 20 km/h, siendo la previsión para el día del maratón de vientos de 27 km/h.

Mañana viernes tenemos el vuelo para Chicago, donde aterrizaremos el mismo viernes a las 14 horas de allí, cuando en España sean las 21 horas, es decir, siete horas más. El domingo buscaré conseguir ser finisher de mi octavo maratón, mi tercer major, a sumar a Berlín y Nueva York. 


Como viene siendo habitual, la semana del maratón bajo bastante los kilómetros, he hecho tres sesiones, buscando mantener las piernas activas, y sin meter mucha intensidad (6 km a 5:29 min/km, 10 km a 5:29 min/km, y 6 km a 5:13 min/km). Completando las sesiones con estiramientos, foam roller, y termas. Como es habitual, también he intentado descansar bien, no estresarme, y comer alimentos ricos en carbohidratos y magnesio. 

La maleta ya la tenemos lista, e igual que el año pasado cuando viajamos al Maratón de Nueva York, aprovechamos el viaje para hacer algo de turismo por la ciudad, por lo que nos quedaremos unos días por allí, recorriéndola, ya como peatón, no como corredor. 

En lo que respecta a la ropa para correr el maratón, como siempre que viajo en avión, irá conmigo, como equipaje de mano. He mirado la climatología para ver la temperatura y las condiciones climatológicas del día de la carrera, y no hay pronóstico de lluvia, pero sí será un día fresquito, ya que la temperatura mínima será de 7º y la máxima de 15º, y sobre todo, como os he comentado anteriormente, con bastante viento, ya que el pronóstico es de 27 km/h.

Y es el momento de chequear que llevo todo: 

Para la recogida del dorsal: 

1.- Pasaporte 
2.- Documento que te manda la organización con tu número de dorsal, cajón de salida y hora de salida. 

Para el maratón: 

1.- Camiseta personalizada, la misma que usé en el Maratón de Nueva York. 
2.- Pantalón corto. 
3.- Manguitos. 
4.- Perneras. 
5.- Calcetines sin costuras. 
6.- Zapatillas Solarboost, que harán su primer maratón. 
7.- Reloj Garmin. 
8.- Gorra. 
9.- Gafas de sol. 
10.- Portadorsales. 
11.- Gominolas y sales. 
12.- Cinturón para llevar gominolas, sales y móvil. 



La salida de mi cajón es a las 7:30 por lo que hará fresquito a esas horas, así que aparte de la ropa de correr, voy a llevar ropa que me quitaré y dejaré en la línea de salida, y que al igual que en Nueva York, la organización se encarga de recoger y donar a instituciones benéficas. 

Para el Maratón de Chicago, conseguí el acceso gracias al sorteo que hacen en su web, por lo que no necesité de agencia, como en Nueva York, para tener dorsal, pero a pesar de ello viajo con la misma agencia que viajé a Nueva York, esto significa que me he olvidado un poco de ver cómo llegar a la feria del corredor o a la línea de salida del maratón, ya que de eso se encargan ellos. Lo que si he estado viendo es el recorrido, que discurre durante casi medio maratón junto al Lago Michigan. 


Este maratón lo he preparado intentando meter más kilómetros de calidad, más ritmo, y buscando no acumular kilómetros “basura”, replicando lo mismo que he ido haciendo a lo largo del año. Durante el plan, siempre he ido unos segundos más lento de lo marcado, sobre todo en ritmos rápidos, pero el test en el Medio Maratón de Valladolid, salió bastante bien, y una vez se ha ido el calor de los meses de julio y agosto, las sensaciones han sido distintas, para bien. Pero tampoco quiero ir con exceso de confianza, ya que es un maratón, y son muchas horas corriendo, y sobre todo el tema del viento me da mucho respeto, aún así, he entrenado para estar en torno a 3 horas 45 minutos, lo que supone un ritmo de 5:20 min/km, y creo que es lo que voy a intentar, luego en carrera, ya se verá si se puede llevar a cabo o no. 

Así que las prioridades para el Maratón de Chicago son: 

1.- Cruzar la meta de mi octavo maratón y tercer major. 
2.- Sufrir lo menos posible, y por contra disfrutar al máximo de la experiencia. 
3.- Mejorar mi marca de Valencia, 3h 49´30”. 
4.- Lograr la marca para la que he entrenado 3h 45´ 

Este plan ha constado de 14 semanas de entrenamiento, más una que hice en la playa de descanso activo, con rodajes suaves, y como viene siendo habitual he hecho tres sesiones a la semana. Llego a Chicago con 580,57 kilómetros, en 50h 50´36”, lo que supone comparado con Valencia 4,08 kilómetros más que a Valencia.

El trabajo ya está hecho, solo queda tomar la salida, y recorrer los 42.195 metros. 


lunes, 7 de octubre de 2019

Chicago, mi tercer major. Décimo tercera semana de entrenamiento

Podríamos decir que esta semana hemos acabado con el plan de entrenamientos, lo que queda es una semana, con rodajes tranquilos, para tener activas las piernas, el viaje a Chicago, estar en la línea de salida y que todo salga bien para disfrutar de una nueva experiencia corriendo un maratón, que si todo va bien, será el octavo, y mi tercer major. 

 
Después de la semana pasada, en la que tuve que cuadrar los tres entrenamientos de la semana en solo cuatro días, esta semana la he tenido entera para disponer los entrenamientos, como mejor se me adecuasen, y he vuelto a la rutina normal de martes, jueves y sábado, lo cual la verdad es que se agradece. 

El lunes como viene siendo habitual en las últimas semanas lo dediqué a hacer ejercicios de core, masaje con el foam roller, y estiramientos, dejando los ejercicios de fortalecimiento para el martes tras la sesión de series, haciéndolos en el gimnasio. Y el domingo, dado que estaba tranquilo en casa, hice una nueva sesión de core, foam roller y estiramientos. 

Jueves y sábado realicé las otras dos sesiones, una de ellas, como viene siendo habitual con Adidas Runners Madrid, y la tirada larga, también la hice con dos compañeras de Adidas. 

Y ahora paso a contaros los entrenamientos de esta semana. 

Día 1.13- Calentamiento 10 minutos, series 3 x 3000, enfriamiento 5 minutos. 

Llevaba todo el plan con los ritmos en las series y en los cambios de ritmo unos segundos más lento de lo que marcaba el plan, por lo que estaba un poco frustrado de no conseguir ritmos que a primeros de año si llevaba, pero en esta sesión todo cambio, el ritmo marcado para las series de 3000 era de 4:48 min/km, y las series me salieron a 4:50 min/km, 4:45 min/km y 4:40 min/km. 

Una vez terminé, como he comentado anteriormente, me fui al gimnasio a hacer ejercicios de fortalecimiento de piernas. 


Día 2.13- 10 kilómetros de rodaje entre 5´55” y 5´20”. 

Sesión con Adidas Runners Madrid, que además encajaba perfectamente con lo que tenía en el plan, por lo que en esta ocasión no tuve que hacer kilómetros en solitario, todos fueron en grupo. 

Rodaje tranquilo, con algo de cuestas, haciendo parte de la tapia de la Casa de Campo. 

 
Día 3.13- 16 kilómetros, ritmo progresivo, 4 kilómetros entre 5´20” y 5´55”, 8 kilómetros entre 5´05” y 5´20” y 4 kilómetros entre 5´y 5´05”. 

Al igual que la semana pasada, quedé de nuevo con tres compañeros de Adidas Runners, que están preparando el Maratón de Valencia, aunque ellos en esta ocasión tenían que hacer 21 kilómetros, por lo que quedamos para hacerlos juntos por la Casa de Campo y Madrid Río, y yo me di la vuelta unos kilómetros antes. 

Durante el entrenamiento me noté bastante cómodo, con un ritmo de menos a más, pudiendo mantener una conversación, y haciendo los dos kilómetros finales yo solo, y a un ritmo inferior a los 5 min/km. 

 
Pues ya estamos en la semana del maratón, empiezan los nervios, terminar de planear todo, y sobre todo tener una semana tranquila, para poder llegar a la línea de salida lo más descansado posible.